Confirmar

jueves, 25 de enero de 2007

Richard P. Feynman. Correspondencia


R.P.Feynman fue un gran científico, y no sólo por recibir el premio Nóbel de Física de 1965 por sus aportes a la dinámica cuántica, sino por su manera de pensar y transmitir su conocimiento. Existen de él varios libros traducidos al español que son todos recomendables, aunque no se sepa nada de física. Uno de ellos “¿Qué significa todo eso?” (1999) lo recuerdo con gran cariño, sobre todo por su sentido del humor.

Está demás decir que cuando ví el que ahora comento, no tardé ni un minuto en comprarlo. Es una selección de la correspondencia entre Feynman y sus familiares, profesores y simples desconocidos que le escribieron en algún momento. Y se lee con agrado e interés, sobre todo si se tiene idea del personaje.

Lo que destaco, si alguien me obligara a destacar algo de Feynman es su respeto por las opiniones de los demás, en lo que pueden contener de otros puntos de vista, y a la vez su firmeza en expresar con claridad y precisión sus manera de pensar. No hay debilidad ni relativismo en su afirmaciones; existe sí una búsqueda de la verdad científica y el reconocimiento de que ésta no anula otra clase de verdades, en la medida que las otras puedan ser sostenidas con algo más que emociones. Casi al final del libro, en una entrevista que le hacen en la televisión, así contesta sobre la cuestión de las religiones y el conocimiento proporcionado por la ciencia:

Porque las religiones han unido dos cosas: por ejemplo, si quieren enseñar los Diez Mandamientos, no se contentan con enseñar los Diez Mandamientos porque la experiencia de la humanidad, o lo que sea, dice que éstos son una buena manera de proceder. Sino que enseñan los Diez Mandamientos porque le fueron dados a Moisés en medio de relámpagos. Ahora bien, llega la ciencia y sugiere que es posible que estas cosas no fueran dadas a Moisés mediante un rayo. Una persona que no piensa demasiado dice: “¡Oh, entonces todo es una cuento! Y me asusta pensar en esa posibilidad, porque quizá entonces los Diez Mandamientos no tienen ninguna base.”

Pero no es así necesariamente. Es perfectamente posible que la moral pueda haber venido de los hombres. Podría haber sucedido que Moisés fuera un hombre normal y corriente y que escribiera estas cosas. Y yo aún podría creer y podría seguir comportándome de la misma manera. Y lo que creo que ha sucedido es que la religión ha juntado dos tipos diferentes de ideas y las ha unido tan frecuentemente –a saber, la teoría de cómo surgieron los Diez Mandamientos, y la creencia en que uno debería seguirlos- que cuando llega la ciencia y pone en duda uno de los extremos –a saber, cómo surgieron los Diez Mandamientos- la gente se pone nerviosa porque cree que se está dudando del otro extremo; a saber: de lo que ellos contienen. Pero es la religión la que los unió innecesariamente; no hay una conexión real. Así es como lo veo yo, es una visión filosófica personal de la relación entre la religión y la ciencia. Estoy en un extremo. Quero que entienda que no todos los científicos piensan de la misma manera, naturalmente, porque cuando salimos de nuestro propio campo no sabemos de lo que estamos hablando. Y puedo estar equivocado en este tema especial de la religión, pero usted me ha preguntado qué es lo que pensaba yo, y esto es lo que pienso” (Pág.414).

A continuación el periodista le pregunta cómo es que otros científicos encuentran la forma en que esas ideas encajen, y Feynman responde que no tiene idea de cómo lo hacen, pero que evidentemente encuentran la forma de hacerlo.

He aquí como razona, según creo, un verdadero científico, y esto no tiene nada que ver con el relativismo superficial (y estúpido) que afirma que todas las ideas son igualmente respetables y por lo tanto tienen todos los mismos valores. No, no es así; pero ello no quita que se pueda convivir y hacer ciencia perfectamente; cosa que muchos radicalismos actuales niegan con la misma convicción como rebanan cabezas. Necesitamos, y no sólo los físicos, releer a Feynman para reencontrarnos con verdades lógicas y vitales que no deberían desaparecer de nuestra comunidad.

Ficha Bibliográfica:

Feynman(2005) , Richard P. Feynman , "¡Ojalá lo supiera! Las cartas de Richard P. Feynman", Editorial Crítica. Colección Drakontos , www.ed-critica.es, Barcelona, 2005, pp 467, Tit.Orig: Perfectly Reasonable Deviations from de Teaten Track

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No olvidaremos mencionar que trabajó en el proyecto Manhattan (para la bomba atómica), la genialidad de una persona no le impide cooperar en la destrucción de otras, se necesita algo diferente para eso, algo que el geenial Feynman evidentemente no tenía.

C. Brigantinus Barbatus dijo...

Tampoco olvidemos que en ese momento, en la guerra contra Hitler, todos los científicos estaban unidos en la misma lucha. Y que, por otra parte, se tenía noticias de que los alemanes estaban en lo mismo, y era cuestión vital que no la tuvieran.
A veces pecamos de "anacrónicos" al juzgar con criterios actuales hechos del pasado.