Hiromi Kawakami
Los autores japoneses en mi provocan una reacción espontáneamente digital: o me gustan o me disgustan, sin términos medios. En general es una literatura que me desconcierta y cómo abomino de cualquier esnobismo, lo que no entiendo o me resulta lejano, absurdo o trivial, simplemente lo pongo en el index; y a otra cosa. De ahí que, cuando me acercan un autor del extremo oriente siempre pregunto si lo han leído y que ha parecido. Podremos no tener los mismos gustos, pero conociendo a mi interlocutor tengo una pista bastante clara si vale o no el coste de concederle una oportunidad para entrar en mi cabeza (lugar que por ser limitado, trato de reservarlo para las cosas buenas). Pues bien, La señora Iromi Kawakami (1958), ex profesora de Biología y con éxito en su país, me ha gustado. Su prosa es sencilla, diáfana como un haiku (tipo de poesía japonesa que me atrae muchísimo) y enigmática simultáneamente. Sus frases son, a mi modesto entender, pequeñas joyas pulidas que se asemejan a esa...