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martes, 23 de diciembre de 2008

C. Vidal Durruti. G. Cardona. Franco no estudió en West Point



Llegando las fiestas acostumbro a releer más que enfrentarme con novedades. Es mi manera de respetar las tradiciones. Y así me dediqué a leer la biografía de Buenaventura Durruti, un anarquista utópico y mítico que si hubiera nacido en USA probablemente tendríamos varias películas sobre su vida. Hombre de armas tomar que no sólo actuó en España sino que recorrió México, Chile y Argentina financiando la lucha anarquista con atracos y asaltos a bancos. El libro de Cesar Vidal recorre toda su vida, hasta su inesperada muerte el 20 de noviembre de 1936 defendiendo a Madrid de las fuerzas militares golpistas: “Al concluir el día 15 de noviembre la situación militar de los defensores de Madrid era especialmente delicada. Las fuerzas de Franco habían ya cruzado el Manzanares y Miaja llegó a la conclusión de que la única manera de poder restablecer la situación era lanzar un contraataque en la zona de la Ciudad Universitaria. En una entrevista con Mera celebrada hacia las diez de la noche, Durruti señaló que hubiera preferido que sus hombres descansaran antes de entrar en combate pero no existía tal posibilidad. Efectivamente, el día 16 de noviembre de 1936, a las dos de la mañana, la Columna Durruti se dirigió al combate.” (pág. 227).

Un libro bien escrito y que trata de ser objetivo ya que la ideología del autor nada tiene que ver con la del biografiado. La personalidad de Durruti es fascinante (quizá porque la violencia siempre resulta atractiva para nosotros, los humanos) y parece bastante realista lo que dijo de él su compañera militante de la FAI, Federica Montseny: “un gángster político” o quizá le hubiera cuadrado mejor un político que no hizo ascos al gangsterismo para reunir fondos para la causa. Todo un adelantado, por cierto, de nuestra época.

El libro está acompañado de una cronología muy práctica y un breve diccionario de personajes que ayudará a facilitar la comprensión en aquellos que están verdes en historia de esos años.

 

El otro libro que en estos días me ha causado un gran placer releerlo es el de Gabriel Cardona, escritor prolífico, militar de carrera y profesor en la Universidad de Barcelona. De lectura fácil narra el trabajo de una imaginaria becada norteamericana que se va a Toledo para investigar sobre los primeros años de Franco. Recrear la vida del jovencito Franco no es tarea ni sencilla ni vana, y el autor lo hace de manera muy creíble (ya que nadie estuvo allí para recoger de primera mano las experiencias y emociones de “Franquito”): “Un niño de catorce años padece una especie de borrachera al entrar súbitamente un mundo militar. Si jamás ha conocido un internado, añora la familia, la comida y la ternura maternal; extraña el uniforme, la forma de vida, el brusco despertar antes de amanecer con la obligación de levantarse y vestirse inmediatamente. Internar a los niños en instituciones inhóspitas es una crueldad innecesaria. También la Iglesia Católica lo hizo durante siglos: niños de diez años eran llevados a los seminarios, donde permanecían hasta los veintidós, cuando eran ordenados sacerdotes. Igualmente, los turcos tomaban niños para formar sus jenízaros. Creo que los internados ingleses y los colegios militares de mi país han recogido mucho de esas malas costumbres. La Historia está llena de abusos semejantes.” (Pág. 35)

Tengo que reconocer, tristemente, que no he leído más de este autor, y al releer este pequeño trabajo suyo me hago aquí, públicamente, el juramento de hacerme con alguno de sus otros libros en los próximos meses. Si los otros son como éste, cosa que no tengo por qué dudar, tendré buena lectura asegurada por mucho tiempo.

Según Cardona, y en esto coincide con otros biógrafos del “Generalísimo”, Franco no fue hombre de muchas ideas, y además las quería tanto que las pocas que recogió las mantuvo en estado impecable hasta el fin de sus días. Por lo cual resulta muy interesante dar una ojeada a la formación, que por aquella época,  recibían los cadetes de infantería. Con esas bases bien establecidas y las que luego adquirió en la campaña de Marruecos, Franco resolvió el problema de entender el mundo en que vivimos. Obviamente siempre se aprende después, pero las principales líneas de su pensamiento nunca se modificaron, sólo se arraigaron y crecieron nutridas por los grandes acontecimientos de ese ciclo histórico. Franco no fue ni tonto ni tan mal militar como lo pintan algunos autores (alargar la Guerra Civil le vino como anillo al dedo para su posterior entronización), más tampoco leyó mucho después de egresar de la Academia. Con pocas ideas se vive mejor; eso sí, al igual que su ídolo, durante la Cruzada (Hitler) Franco fue un gran conversador (y también como él, supo callar todo lo que no era menester decir).

Fichas bibliográficas:

Vidal(1996). Cesar Vidal. “Durruti. La furia libertaria”. Temas de Hoy. Biografías, Madrid, 1996. pág. 309.

Cardona(2003). Gabriel Cardona. “Franco no estudió en West Point”. Littera Books, S.L. Madrid, 2003. pág. 191

lunes, 1 de diciembre de 2008

H.Heiber, ed. Hitler y sus generales

Hitler ordenó que se tomara un registro taquigráfico de todas sus conversaciones con el OKW (Oberkommando der Whermacht), el alto mando de las fuerzas armadas del Reich, para evitar luego que sus generales alegasen que no había dicho tal cosa o que no se había dado determinada orden. La decisión del Führer vino después de las primeras derrotas serias en 1942 en el frente ruso. Hitler consideraba que éstas provenían de la irresponsabilidad de sus subordinados, y los estenógrafos del Parlamento, que poco trabajo tenían, pasaron a tomar puntuales notas de todo lo que se hablaba en presencia de Hitler.

A principios de mayo de 1945, y ya muerto el máximo responsable de ella, el general Walter Scherff da orden de que se queme la montaña de papel acumulado con estas descripciones, pero gracias a un miembro de la inteligencia norteamericana, George R. Allen, se pudo reconstruir lo que el fuego no había consumido. Piénsese que si bien el papel arde fácilmente, un gran pira de este material no se incinera a fondo si no se toma bastantes cuidados (tiempo y revolver con cuidado), cosa que, por las prisas de los últimos momentos (poco antes de la ocupación norteamericana), no pudieron hacer los SS del Dr. Frank.

Algunas de las páginas salvadas fueron utilizadas durante los juicios de Nüremberg, pero hay que esperar hasta 1962 en que el Institut für Zeitgeschichte (Instituto de Historia Contemporánea) de Munich publicara una recopilación de todas las transcripciones conservadas y conocidas hasta el momento.  La edición española se basa en ella, con el agregado de unas pocas posteriores, seleccionando lo que el editor ha considerado más importante para “conocer de primera mano cómo se tomaban las decisiones de máximo nivel en la Alemania de la segunda guerra mundial. Permite conocer qué función fueron desarrollando varias personas clave de la jerarquía política y militar alemana; permite observar, por ejemplo, cómo se tomaban las determinaciones tanto sobre el armamento y los movimientos de las tropas como sobre las cuestiones estratégicas más generales. Estos documentos, por lo tanto, proporcionan detalles adicionales de gran utilidad para la historia de la guerra pero lo cierto es que aún cabe señalarles un interés mayor. Estamos ante la trascripción contemporánea del trato directo de Hitler con los grandes líderes, militares o de otros ámbitos, del proyecto bélico alemán. Estos informes y actas no han sido manipulados. Lo esencial es que nos ofrecen el auténtico punto de vista de Hitler sobre varias cuestiones que han resultado muy oscurecidas, de forma deliberada, por el interminable aluvión memorialístico de la posguerra alemana.” (pág. XII de la Introducción de Gerhard L. Weinberg).

La lectura reposada de estos documentos da una impresión muy diferente al que pueden ofrecer otros libros escritos por los generales supervivientes a la contienda. Para el especialista su estudio es esencial, repasando, en paralelo, las opiniones vertidas en otras biografías e historias bélicas sobre los mismos acontecimientos. Es una gran pena que un oficial alemán haya tomado por sí y ante sí la decisión de robar esta documentación al escrutinio de la Historia, pero lo que ha quedado resulta fascinante, sobre todo las últimas transcripciones que llegan hasta el 27 de abril de 1945, pocos días antes del suicidio de Hitler: “Porque las cualidades de un soldado no se muestran jugando en los campos de instrucción, sino, en última instancia, en la cualidad moral de la perseverancia: en la resistencia, en la persistencia. Ese es, sin lugar a dudas, el facto más decisivo en cualquier éxito. La genialidad es como un fuego fatuo, en tanto en cuanto no se cimenta en la persistencia y la resistencia ciega. Eso es lo principal en toda vida humana. La gente que solo tiene ocurrencias y pensamientos, pero que carece de firmeza de carácter y de persistencia y dureza, esos, a pesar de todo, no serán capaces de conseguir nada. Son aventureros. Cuando la fortuna les sonría, tocarán el cielo; pero cuando les vaya mal, caerán de inmediato y volverán a abandonarlo todo. Con esos ingredientes no se puede escribir la historia del mundo. Sólo se ingresa en la historia del si –detrás de una racionalidad inteligente, una consciencia vívida y un estado de eterna vigilancia-, si detrás hay una persistencia fanática y una seguridad en las propias convicciones tales que conviertan al hombre en un guerrero interior.” (pág. 444).

Estoy convencido que si separara este fragmento de quien lo dice –el Führer- cuando lo pronuncia -fines abril de 1945- y de cómo lo dice -probablemente gritando y con el rostro descompuesto-, y lo incluyera a modo de cita inspiradora, al principio de un libro de filosofía o espiritualidad, nadie rechazaría tales edificantes consejos.

Conocer lo que se ha dicho ayuda, pero las palabras, sólo las palabras, no son determinantes para conocer a fondo lo que ha sucedido, ni lo que está sucediendo...

Esta recopilación de transcripciones arroja luz sobre el pensamiento de Hitler y algunos de sus generales; más deben ser contrastados adecuadamente con otras referencias históricas para juzgarlos adecuadamente. El copioso aparato de notas con qué el editor Helmut Heiber acompaña el texto ayuda, y se agradece su inclusión, pero obviamente se requiere mucho más información de base.

En suma, un libro para especialistas. Los aficionados abstenerse, si sólo se comprometen a hacer una sola lectura.

Otra cosa que puede confundir al potencial comprador es el título de la edición española que es ambiguo y algo engañoso. El original alemán se refiere a los  fragmentos de registros de sus conferencias militares”, en cambio el nombre que eligieron los editores da a entender que se hace un análisis o descripción de los principales generales germanos, y ello no es así. Nuestros editores deberían dejar de lado estos viejos trucos del oficio; los lectores españoles ya hemos alcanzado la mayoría de edad.

Ficha Bibliográfica:

Heiber(1962). Helmut Heiber, ed. “Hitler y sus generales” Prólogo de Gerhard L. Weinberg. Editorial Critica, Barcelona, 2005, www.ed-critica.es pp.694. Traducción Gonzalo G. Djembé y Cecilia Belza. Tit.Orig:Hitlers Lagebesprechungen. Die Protokollfragmente seiner militärischen Konferenzen 1942-1945.