domingo, 10 de febrero de 2008

E.M. Goldratt. Cadena Crítica

Hace unos días que no publico ningún comentario, y ello se explica por varias razones. Entre ellas que me siento más cómodo hablando de un libro cuando lo releo que luego de terminarlo la primera vez. Los libros y sus autores merecen un tiempo de reflexión a posteriori, a veces (y en mi caso casi siempre) uno va cambiando de opinión a medida que se repasa, en la memoria, lo leído y se conecta con otros datos o con experiencias personales. Se podría decir que cada lector representa una opinión particular; pero también merecería agregarse que cada lector puede generar varias opiniones (todas serias y todas de buena fe) a medida que reflexiona sobre el libro en cuestión.

Me temo que si repasara todos los comentarios hasta ahora hechos, uno a uno, tendría que modificarlos bastante, y eso ¡sin necesidad de releer el libro! Cambios que se producirían por el impacto de libros posteriores al criticado. Por lo tanto considérese que mis “comentarios” son altamente provisionales y que sólo tienen un valor “impresionista”; aviso, entonces, que no me comprometo con mis opiniones a menos que vuelva a hacerlas en tiempo presente.

Me doy cuenta que mis juicios son peligrosamente parecidos al de un político en tiempos de “campaña electoral”. Pero no avisar de ello implicaría menoscabar el respeto que me merecen mis lectores… a los que supongo interesados y ávidos de criterios ciertos para seleccionar sus próximas lecturas.

Este largo prólogo viene a cuento por qué acabo de leer “Cadena Crítica” de Eliyahu M. Goldratt y me gustó… cómo todo los que he leído de este autor, que son, a saber: La Meta”, “No es cuestión de suerte” y “Necesario pero no suficiente”.

Goldratt es autor especializado en temas de organización industrial, proyectos, gestión de empresas y ha creado una Teoría de las Limitaciones (TOC. Theory of Constraints) que fue un éxito en su momento (desde mediados de los años 80), y que sigue, según creo, en el candelero de los conocimientos que se necesitan para ser un especialista en estas tareas. Mis primeras lecturas del autor se remontan a 1993 y llegué a él motivado por encontrar métodos y análisis sobre procesos complejos que impliquen muchas variables en juego. Mi actividad no estaba relacionada con empresas ni con proyectos industriales o financieros, pero entendía que de todos lados se podían extraer enseñanzas y experiencias valiosas. Y la lectura de los libros citados (excepto “Cadena Crítica” que acabo de leer) me aportó una perspectiva nueva por lo inesperada.

Ahora, gracias a un amigo, he tenido la oportunidad de conocer el tercero de la serie, y creo que se puede leer con provecho sin pasar por los dos primeros (La Meta y No es cuestión de suerte).

Este libro servirá a cualquier persona que se interese por la toma de decisiones en una organización (cuanto más grande más compleja) o por las dificultades que tiene nuestro razonar cuando nos enfrentamos, en la vida real, a circunstancias con grandes incertidumbres y con contornos poco definidos. En el segundo caso el libro debería leerse un poco como una metáfora… digamos, si no provoco escándalo, al “modo de la Biblia”. Un libro que se lee como un cuento pero que contiene observaciones valiosas para problemas que quizá al autor ni siquiera se le pasaron por la cabeza.

Transcribo un fragmento que además no es de los más importantes:

“- ¿Cuántos son ocho por ocho? – pregunto.

Nadie contesta. Probablemente piensan que me he perdido.

- Dejadme recordaros que en los proyectos no trabajamos con números precisos – comienzo mi intento de aclarar mi pregunta anterior -. Cuando decimos, por ejemplo, que una etapa requerirá ocho días, ¿quiere eso decir que exigirá exactamente ocho días? Claro que no. Así que, ¿cuánto son ocho por ocho? –

Escribo en la pizarra: (8±) x (8±) = ¿?

- La respuesta sesenta y cuatro sería errónea. Nos da una falsa impresión de precisión.

- Como un contable que está obligado a dar una respuesta precisa hasta el último centavo cuando, incluso, el primer dígito puede ser cuestionado – bromea Fred.

- Correcto. – Me gusta el ejemplo de Fred -. ¿Alguien ve la relevancia que tiene esto para nuestro debate? – Les ayudo - : Es un error tratar de encontrar respuestas exactas cuando los datos no son exactos. Las respuestas que pretenden ser más precisas que la incertidumbre que impregna el problema no son las mejores respuestas.” (pág.261)

No se si el lector de este comentario ha tenido la misma intuición que yo; pero en todo caso creo que nadie me negará que ésta reflexión de Goldratt (a través de su personaje) es susceptible de despertar muchas asociaciones interesantes.

Propongo una sola (para no alargarme demasiado): ¿Qué pasa cuando un alumno es puntuado por su profesor según su desempeño en esa clase de ritual que llamamos “examen”? Si consideramos la puntuación dada como una respuesta del especialista frente a la exposición del estudiante… ¿Qué pasa con la supuesta exactitud de asignar un número a ésta? ¿Y que pasa cuando utilizamos ese número y otro y otro, para hacer una suma, luego una división y sacar un promedio? ¿Se corresponde la aparente precisión de la puntuación-respuesta con las diferentes exposiciones del alumno en diferentes circunstancias y temas?

Goldratt dijo, cuando tenía 20 años que le gustaría “enseñarle al mundo a pensar” Véase

Obviamente no lo ha hecho, y es un fracaso razonable porque hasta ahora ninguna persona lo ha logrado, y ninguna institución (como las Universidades) tampoco. Pero sí es verdad que sus estudios e investigaciones han aportado un poco de luz en esto tan complicado como tener una idea de lo que sucede cuando las cosas se complican y están fuera de control. Hay muchas páginas sobre Goldratt en la Red y cualquiera puede hojearlas. En mi caso me apresto a releer su cuarto o quinto libro (ya perdí la cuenta) “Necesario pero no suficiente” para constatar que recuerdo y en que puede servirme en este momento de mi vida. Esta clase de lecturas son terapéuticas según creo. Nos sumergen en un mundo donde hay respuestas y además están a nuestro alcance. Luego, ya renovados, podremos volver a la literatura, a la historia o a la filosofía… es decir al “mundo real”, dónde las incertidumbres se convierten en intratables.
Ficha Bibliográfica:

Goldratt (1997), Eliyahu M. Goldratt, “Cadena Crítica. Una novela empresarial sobre la Gestión de Proyectos”, Ediciones Díaz de Santos, http://www.diazdesantos.es Madrid 2001, pp. 296. Tit.Orig: Critical Chain, Nort River Press.

4 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

A mi me sucede lo mismo, casi siempre necesito releer para poder comentar un libro, al menos me agrada más hacerlo así. La relectura, también, nos permite percibir nuevas cosas que en la primera lectura no habíamos captado en su totalidad, especialmente cuando el libro no es fácil -o no me parece fácil-, como que hasta el mismo libro lo pide.

Cordiales saludos

Anónimo dijo...

Si alguien tuviera el EBook de la cadena critica porfavor avisen q necesito leer todo el libro u.u

pomaluengo dijo...

Hola, me gustaría poder leer el libro "Cadena Crítica", pero no soy capaz de encontrar un ejemplar, ¿Podría indicarme alguien cómo conseguirlo?
Gracias

Brigantinus dijo...

Cuando un libro no se consigue (en el lugar donde vivimos) ahora ya no tenemos problema. Simplemente con buscar en Google ese libro veremos que podemos comprarlo por la Red (no sólo Amazon, hay varias).
Yo he comprado libros así y nunca tuve problema.
Saludos.