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lunes, 30 de abril de 2007

H.Wang. Reflexiones sobre Kurt Gödel

Hao Wang no escribe sobre Gödel resumiendo libros que tratan sobre él; lo conoció y compartió pasillos en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (donde también estaba Einsten). Ya por esto sólo el libro tiene interés: ofrece información de primera mano.

Pero si atendemos a que Kurt Gödel es un nombre muy popular en la filosofía contemporánea y que existe poco material en español sobre este personaje, el libro tiene doble interés.

Es un libro para trabajar, y no obstante, puede ser leído (aunque sólo comprendido en partes) por placer, por cualquier lector culto, interesado en las cuestiones epistemológicas de nuestra época. El texto cuenta las investigaciones de Gödel, su relación con el Círculo de Schlick (más conocido como el Círculo de Viena), con el gran matemático Hilbert y la amistad que unió a Gödel y Einsten. La fotografía de la portada muestra esa excelente relación, fue sacada en agosto de 1950, en Princeton.

Me interesó particularmente la parte donde establece comparaciones entre Gödel y Wittgenstgein (2.4. Algunas comparaciones con Wittgenstein. Pág.104)

Este libro merece un comentario muy cuidadoso y bastante extenso ya que contiene un extenso resumen de las ideas de Gödel sobre la ciencia, la filosofía y la metafísica (toda la parte II. Pensamientos, que abarca desde la pág. 209 hasta la 352). Además se transcriben fragmentos de la propia obra del autor (Ensayos matemáticos y ensayos filosóficos).

El libro trata de hacer inteligible la obra de Gödel a los no expertos, y pienso que lo logra; aunque esta categoría (no-expertos) no signifique exactamente lectores sin conocimientos previos de lógica y epistemología. En todo caso es un libro importante y la breve noticia que en este blog doy de él tiene el objetivo, más que nada, de comprometerme para en un futuro no muy lejano tratar de hacer una recensión que le haga justicia. No se si podré (o si la obra excede mis conocimientos sobre la cuestión, haciendo imposible separar lo importante de lo accesorio), pero debería intentarlo, más que nada como homenaje a un hombre, Gödel, con una historia muy peculiar e interesante y también, ¡por qué no! como desafío personal.

Ficha Bibliográfica:

Hao Wang (1987), “Reflexiones sobre Kart Gödel”, Alianza Universidad, Madrid, 1991, pág. 445. Tit. Orig: Reflection on Kart Gödel, Massachussets Institute of Technology.

viernes, 27 de abril de 2007

Matt Ridley. Genoma

Hay niveles de comprensión. Dicho así todo el mundo (que me lea) estará de acuerdo y esperará algo más; pero en realidad he dicho muy poco, casi nada, estoy sólo al principio.

Una vez una profesora de matemáticas, muy progresista ella, me explicaba con marcados ademanes y voz convencida, que “los niños no entienden lo que hacen cuando suman o restan números…”, yo asentía con cortesía pero para mi coleto pensaba “¿qué demonios entenderá realmente esta mujer de lo que cree entender?”. Y es que … ¡hay niveles de comprensión! como era dable esperar. Pero ¿cuántos niveles? ¿Cómo identificar el primer nivel? ¿Cómo localizar el tercer nivel? y, para abreviar, ¿Existe un último nivel, y es éste de alguna manera comunicable?

Todo este proemio entre filosófico y casero viene a cuento porque yo no estoy convencido de haber alcanzado ningún nivel significativo en materia de compresión de “genes”, “cromosomas” “genomas” y cosas que se le parezcan.

Algo he leído, no lo oculto, pero el tema se resiste a licuarse en mi cabeza y a irrigar mis torturadas neuronas por el esfuerzo. Tengo la sensación, (y aquí aventuro una especie de prueba práctica, como “la del algodón”, sobre esta delicada materia de la comprensión), que cuando uno realmente comprende algo, puede ver ese algo en configuraciones muy distintas y dispares. Es decir que se puede reconocerlo aunque se disfrace de otra cosa y aparezca en un lugar inapropiado.

Bien ¿puedo hacer eso con el concepto de “genes” o “cromosoma”? Pues la verdad que no. Cuando salgo de este tema no encuentro cosas que se le parezcan ni lo aplico en mis razonamientos y observaciones sin esfuerzo. La sensación es que cuando me sacan el libro de la mano… me quedo mudo; y esta sensación es la que me da la pauta que mi comprensión del asunto anda reptando por los niveles más inferiores que puedo imaginar.

Por supuesto que el libro que ahora comento es perfectamente legible, y está al alcance de cualquier lector preparado para leer ensayos y no sólo novelas de moda… pero… mejor pondré un ejemplo:

“Imagínense que el genoma es un libro:

Hay 23 capítulos llamados CROMOSOMAS.

Cada capitulo contiene varios miles de historias llamadas GENES.

Cada historia está compuesta de párrafos llamados EXONES con anuncios intercalados llamados INTRONES.

Cada párrafo está compuesto de palabras llamadas CODONES.

Cada palabra está escrita con letras llamadas BASES.” (pág.18)

¡Verdad que esta claro! Yo no lo dudo. Pero me siento como la niña que saltando con su recipiente vacío va recitando por la calle todo lo que su madre le dijo que comprara: “23 capítulos de Cromosomas… miles de Genes… miles de párrafos Codones….. y cuando llega a la tienda (en este caso sería, cuando uno lee uno de los capítulos del texto), se encuentra que… ¡está en cortocircuíto! ¡Que no recuerda nada!

¡Pero si no es tan difícil! Me digo, a ver, vuelve a leer: “…Hay 23 capítulos llamados…” y otra vez vuelve la claridad; sólo que ahora, al intentar entender el tema específico que ha motivado mi autoexamen, me encuentro que ando con muletas, dudando, como si se tratase de un terreno minado.

Puede ser una falta de familiaridad básica con el tema (la clase de familiaridad que se adquiere, sin duda, cuando uno tiene una madre bióloga y ella nos arrulla con textos de su especialidad mientras estamos colgados de su teta), puede ser. Pero como soy hombre optimista que no duda que todo es comprensible… si nos dan tiempo para ello, he releído este libro y volveré a releerlo hasta poder ver genes en la sopa, y cromosomas en cualquier gotita de sangre que encuentre frente a mis ojos.

El libro, eso sí, tiene una pequeña trampa que lo hace mucho más ameno, pero donde el lector corre el peligro de tomar las hojas por el rábano. Cada cromosoma tiene, como habéis podido leerlo más arriba “miles de historias”, es decir “miles de genes”. El autor ha tomado una historia en particular, un gen, como representativo del cromosoma, lo cual es falso (y el lo sabe y así lo aclara al principio, aunque luego pueda suceder que el lector se olvide). Podría haber tomado otro gen como representante del cromosoma en cuestión, y nuestra percepción de cambiaría radicalmente.

No obstante este truco permite hacer muy legible un tema que por otra parte sería casi inaccesible para el lector medio (entre los que me encuentro). Así que lo recomiendo para iniciarse, o para contrastar conocimientos y de paso pasar un momento entretenido (al igual que se divierten los alpinistas con un pared particularmente atractiva).

En mi caso, es también mi piedra de Sísifo particular. Pero algún día, seguro, la llevaré hasta la cumbre.

Ficha Bibliográfica:

Ridley(1999), Matt Ridley, "Genoma", Taurus, Madrid, 2da.edición enero 2001, pp.388, Tit.Orig: Genome, Fourth Estate Limited

T.Tymoczko y J.Henle. Razón, dulce razón

En un viaje a Palencia, no ha mucho, me detuve en una pequeña librería de esta bella y apacible ciudad, y me encontré con el libro que ahora comento. Dudé en elegirlo, al fin de cuentas tengo ya bastantes de lógica y si bien es un tema que me atrae, tampoco dispongo de tanto tiempo como para entregarme a todos los vicios que me solicitan. No obstante tengo que reconocer que el título me sedujo “Razón, dulce razón” y por curiosidad me fijé en el título original, no fuera a ser (cosa que lamentablemente no es infrecuente) que éste fuera una creación arbitraria del editor español: “Sweet Reason. A Field Guide to Modern Logic”… y claro, una vez comprobado el nombre del libro y guiado por la misma curiosidad me detuve en el Índice General: “Introducción al lenguaje de la lógica… Lógica formal… Lógica informal, Cómo discutir, Cómo refutar… Lógica proposicional, Argumentos válidos, argumentos convincentes y lógica punk… Predicados, programas y lógica antigua… Deducción, infinitud y un corte de pelo, Introducción y Lógica de los negocios, Completitud, incredibilidad, los debates… Paradoja…”

Al hojearlo comprobé que en parte tenía los mismos temas de otros libros, pero que había nuevos, y sobre todo muy actuales (con personajes como Bush, Clinton y Perot como ejemplos de razonamientos no siempre correctos); y acordándome de O.Wilde (“puedo soportar cualquier cosa, menos la tentación”) me dejé llevar por el impulso y lo compré. Luego tuve oportunidad de entretenerme bastante con él, y ahora, ya forma parte estable de mi biblioteca (hay algunos que duran poco. Ya se sabe, la mejor manera de desembarazarse de un libro, sin culpa… es prestarlo), por eso le hago el honor de un comentario en el Blog.

Es un libro polivalente; puede ser utilizado por profesores de lógica para sus cursos, pero también puede ser leído por cualquiera a quien no asuste los vericuetos formales ni los símbolos (inevitables) que esmaltan cualquier libro de lógica que se precie. Incluso me atrevería a decir que puede ser leído por aquel que sin interesarse por el aparato lógico quiere tener una somera idea de si sus razonamientos habituales son razonables o contienen graves errores de construcción. Y por último, pero no menos importante, puede ser leído por personajes raros, extravagantes, que lo utilicen, por ejemplo, como libro “de noche” para que los últimos minutos de vigilia reciban una ducha de humor y de razón antes de entrar en el incoherente mundo de los sueños. Reconozco que pertenezco, también, a esta ultima clase de lectores, y puedo asegurar que uno, si está en buena disposición, es capaz de conciliar el sueño mucho mejor que leyendo el diario del día o escuchando las noticias de la noche.

Para terminar este breve comentario, que espero sea suficientemente inductor a espíritus proclives, uno, leyendo este libro, puede encontrarse con frases como la siguiente, que si bien no descubren América, tienen la virtud de hacernos repensar cosas que por sabidas casi siempre olvidamos: “Los argumentos son siempre mejorables tras un análisis cuidadoso, y nunca encontraremos la verdad si no intentamos ver el otro lado.” Pág.63.

Ficha Bibliográfica:

Tymoczko(2000), Tom Tymoczko y Jim Henle, "Razón, dulce razón. Una guía de campo de la lógica moderna", Edit. Ariel, Ariel Ciencia, Barcelona, 2002, pp. 584, Ed.Orig: "Sweet Reason. A Field Guide to Modern Logic", Springer Verlag, New York, Inc. Con prólogo de Enric Trillas

martes, 24 de abril de 2007

Donna Leon. Líbranos del bien

Ya he perdido la cuenta de cuantos libros he leído de la Sra. Leon, más de 10 seguro. Me refiero a sus libros publicados en español y que aparecen clasificados dentro del genero policíaco, género que es tan amplio (y cada vez más) que no necesariamente incluye policías, ni detectives privados… ni siquiera muertos por descubrir. Podría decirse de este curioso género literario que ha ido cambiando tanto que su nombre es sólo un accidente histórico. En todo caso, cada época lo redefine según su peculiar concepción del delito y sus causas (me parecería más correcto nombrar a este sector de la literatura como “literatura sobre delitos… y sus circunstancias”). Pues bién, retomando el tema principal, Donna Leon, norteamericana de orígen y veneciana de profesión, lleva escritos un montón de libros que con pretexto de encontrar quién fue el responsable del crimen va desnudando la sociedad de “los puentes y canales”, y de paso, también, la de la Italia actual.

Todos los temas que interesaría a un sociólogo (suponiendo que exista realmente esta especie de estudiosos) se encuentran en sus novelas: la trata de blancas o de influencias, la inmigración y sus problemas, la peculiar concepción del deber de algunas instituciones: la policía, la prensa, la política, el ejército, la iglesia… las contradicciones norte-sur, la persecución de los judíos en la época fascista, el expolio artístico, las construcciones ilegales, el negocio de la eliminación de materias peligrosas, los asilos de ancianos, la corrupción en la seguridad social… y podría seguir. Todos los temas juntos constituirían algo así como un panorama de las cosas que no funcionan bien en el primer mundo, y quizá un cursillo sobre estas cuestiones debería ser dado a todos los que quieran emigrar a él, para que estén preparados sobre lo que se pueden encontrar, una vez cruzada la aduana.

Alguna vez me he preguntado porque las materias universitarias que versan sobre economía, sociología, psicología, antropología y cuestiones parecidas, suelen ser tan aburridas en comparación con el mundo real, y no encuentro explicación suficiente el que me respondan que una cosa es la labor periodística y otra la científica. Evidentemente la ciencia en si misma no es ni divertida ni aburrida; igual que no lo es cualquier clase de conocimiento. Las emociones las coloca el sujeto, según su orientación, sus necesidades y su experiencia. Pero clama al cielo no encontrar nada, o muy poco de estas cuestiones antes mencionadas en los temarios de disciplinas universitarias. Y si lo están, pocas veces van más allá de descubrir lo evidente… eso sí, dándoles nombres técnicos que suponen una promesa de profundización, que nunca llega.

Creo que me he ido otra vez del tema, pido disculpas. Volviendo a Donna Leon su último libro publicado en español, trata sobre las cuestiones de adopción y algunos problemas secundarios que nadie tiene interés en averiguar. ¡Un aplauso para la valiente escritora! Mi cariño y mi reconocimiento. ¡Tiene Ud. unos ovarios que más quisieran tener los politicos que nos gobiernan, tanto en España como en la Unión Europea!

Con palabras de uno de sus personajes: “-He visto los resultados de todas las exploraciones y pruebas, creo que vale más que les diga toda la verdad. –La signorina Electra levantó una mano y la dejó en suspenso, a medio camino de la boca-. Comprendo que no es lo que desean oír, pero es la información más objetiva que puedo darles.” (pág.153)

Hay gente que se interesa espontáneamente por su sociedad. No en el sentido de alabarla con un burdo nacionalismo, ni de criticarla como un adolescente frustrado, sino que se siente atraída por los misteriosos mecanismos que a los humanos, siendo en si mismos tan poquita cosa, nos convierten en los señores de la Tierra. Hay algo de alquímico en los mecanismos sociales, y lo curioso es que a simple vista casi todos funcionan mal, y a veces peor. Pues bien, esa clase de gente, que si se me permite la expresión, son “sociólogos-natos” (por oposición a los que simplemente han arrancado un título a una burocracia universitaria) son los que disfrutan más de la buena novela policíaca. Nada está tan cerca de mostrar los entresijos de algo como las situaciones donde las cosas se tuercen o dan resultados imprevistos. Para ellos Dona Leon es un autor de currículum; sin duda.

Ficha Bibliográfica:

Donna Leon, “Líbranos del bien”, Seix Barral, Barcelona, abril 2007, www.seix-barral.es, pp.313, Tit.Orig: Suffer the Little Children, Diógenes Verlag AG Zurich, 2007

jueves, 19 de abril de 2007

M. Parker. La Batalla de Monte Cassino

M. Parker ha escrito un libro de historia bélica, desde la perspectiva del soldado de “a pié”. A diferencia de obras como las Memorias de Guderian o Von Manstein, aquí lo que salta a la vista es la perspectiva del soldado de baja graduación, en una campaña que fue dura, muy cruel, y desconocida por el público culto que puede interesarse por esta clase de libros. El título lo dice todo: “Monte Cassino. The Story of the Hardest-fought Battle of World War Two”, una traducción aproximada sería “La historia de una dura batalla de la Segunda Guerra Mundial” (o de la más dura batalla…), pero también podría llamarse, y quizá este título que propongo se acerque más al contenido del texto: “¡Qué asco de guerra!”.

En el invierno de 1943 Italia ya no formaba parte del Eje, se había salido de la guerra, lo cual la llevó, paradójicamente, a entrar completamente en ella. El suelo italiano, y los civiles que lo habitaban, sufrieron lo indecible a manos de las tropas alemanas y también aliadas. Nadie estaba particularmente contra ellos, pero ellos recibieron todas las castañas que ambos contendientes se intercambiaron con prodigalidad (¡Cómo habrán maldecido al Duce y a sus peligrosas amistades!).

El Mariscal Kesselring estaba dispuesto a impedir la subida de las tropas aliadas por la bota italiana, y para ello creó la Línea Gustav que nada tenía que envidiar a la Maginot y que en la práctica resultó mucho más formidable que ésta. Los aliados, con tropas de todas las nacionalidades: norteamericanos, indios, británicos, canadienses, indios, sudafricanos, tunecinos, marroquíes, argelinos, senegaleses, brasileños, polacos, neozelandeses, nepalíes, belgas e incluso italianos monárquicos fueron los encargados de desalojarlos de las trincheras y los fuertes de hormigón que se escalonaban en las rocas y las montañas de los Apeninos, entre Nápoles y Roma. Basta con dar una ojeada al mapa para advertir algunos de los problemas con qué se enfrentaron las tropas atacantes. Dominando el valle del río Liri se encontraba el monasterio de Monte Cassino, cuya historia se remontaba hasta el siglo VI aunque la última construcción era del siglo XIV y por supuesto preparada para durar muchos milenios. En 1943 estaba considerado como una de las mejores posiciones defensivas de Europa y justo tomándolo como centro estableció Kesselring su principal línea de defensa para evitar que cayera Roma en manos enemigas.

La heterogeneidad de las tropas aliadas fueron en si mismo un obstáculo al generar complejos problemas de dirección con comandantes provenientes de disciplinas militares muy distintas: “Durante el trayecto, los diversos batallones y compañías formaban un convoy de aspecto extraño. De los camiones brotaban toda clase de excrecencias, tales como cajones de pollos vivos, cubos, bolsas de agua, trozos de muebles y ropas secándose al viento. De algunos de los camiones llegaban los balidos de ovejas y cabras, porque tanto musulmanes como hindúes transportaban su carne viva la sacrificaban ritualmente según la necesitasen. El convoy entero era como un circo ambulante, si bien erizado de armas, y el espectáculo era observado con asombro por la población italiana, harta de la guerra” (pag.232)

Cuatro grandes batallas fueron necesarias, además de demoler el monasterio, junto con sus insustituibles obras de arte, hasta que las tropas del general Clark alcanzasen, por fin, la ciudad eterna. Durante las operaciones se cometieron muchos errores, graves, con pérdidas de miles de vidas, y toda clase de actos que actualmente se llaman “genocidas” y sólo se dan, de manera masiva, en las oscuras guerras marginales que de tanto en tanto llegan a la primera plana de los diarios. El libro describe con todo detalle, estas luchas, y la manera como fueron abordadas por todas las tropas combatientes.

“Las patrullas sufrían frecuentes emboscadas en el terreno montañoso. Un cabo de la Durhan Light Infantry relata uno de esos episodios: ‘Nos descubrieron. Jerry disparó sus morteros contra nosotros, así que tuvimos que regresar a nuestras posiciones. Ni antes ni después he estado bajo un cañoneo como aquel. Aquella noche Jerry [los alemanes] lanzó todo lo que tenía contra nosotros. Bastantes de los nuestros quedaron conmocionados –sencillamente perdieron los nervios- lloraban, reían, lloraban un momento, reían al siguiente… como si fueran niños’” (pág.301)

El autor describe el daño que hicieron los alemanes a los italianos, a los que trataban muchas veces como esclavos; pero también el que hicieron los aliados con sus ataques y bombardeos indiscriminados, sus recursos gigantescos y una administración ajena, sin participación de italianos, en medio de la miseria total de la población nativa.

El caso paradigmático fue Nápoles (que me hizo recordar la novela, leída hace mucho tiempo, de Curzio Malaparte: “La Piel”). Ciudad destrozada por los alemanes y tomada por los aliados que la convirtieron en su base de operaciones y centro de esparcimiento. Antro de corrupción y diversión, donde la vida no valía casi nada y el honor era un concepto desconocido: “El cómico Tommy Trinder, que visitaba las áreas de retaguardia entreteniendo a las tropas británicas, siempre obtenía una carcajada cómplice cuando contaba un chiste sobre su primera llegada al puerto de Nápoles. Según sus órdenes, contaba, debía presentarse inmediatamente ante el jefe de puerto; que tendría un coche preparado para llevarle a su primer espectáculo para las tropas. Cuando Trinder bajaba del barco fue abordado por uno de los muchos chulos que frecuentaban el puerto. “Yo te llevo a chica bonita”, ofreció el proxeneta. Tommy siguió caminando. Aun persiguiéndole, el proxeneta le repitió su oferta. El cómico se paró y dijo: “No quiero una chica bonita. Quiero al jefe del puerto”. El italiano alzo la vista al cielo, como una expresión de asombro ante los peculiares gustos del ‘inglese’. “El jefe de puerto –repitió-. Es muy difícil; pero yo intento.” (pág. 304).

Bromas aparte la población lo pasó realmente mal, y esto sin hablar de los irregulares marroquíes que sembraron el terror en sus avances, ya que al llegar a los pueblos, mientras mantenían inmovilizados a punta de pistola a los hombres del lugar, violaban a todas las mujeres sin distinción de edad, desde niñas hasta abuelas, causándoles graves daños que en muchos casos las condujeron a la muerte.

Tanta barbarie y crueldad, mezclada con heroísmo, humor, solidaridad, parece imposible. Impropio del siglo XX (En nuestra imaginación esas cosas sólo sucedieron en la Edad Media). Pero todo esto pasó en un país cuna de nuestra civilización; y los actores fueron las mejores tropas destacadas por ambos bandos junto con la presencia de civiles que sólo aspiraban a que la guerra, no importa quien ganara, fuese sólo un recuerdo lejano.

Las tropas alemanas, reducidas en número y recursos, se bastaron para frenar los contingentes aliados muy superiores en todo. Los errores de los comandantes, incluyendo la estrategia equivocada de los grandes generales, están ahí, para quién quiera leerlas. También el libro toca el tema de los supervivientes y de los soldados que unos pocos años después lograron volver a la vida civil. Muchos nunca se acostumbraron a una vida normal: sueños, pesadillas, recuerdos, hábitos, todo conspiraba para convertirlos en inválidos mentales; formando parte invisible de la cuenta de millares de victimas que quedaron como abono en el suelo italiano. El libro no ahorra horrores, y el autor brinda suficiente información como para hacernos pensar en hechos que están históricamente tan cerca, y que, sin embargo, nos parecen tan lejanos.

Quizás debería establecerse como asignatura obligatoria, en todos los colegios secundarios y pre-universitarios, la historia de la segunda gran guerra. A lo mejor, así, lograríamos tener conciencia de lo importante que es la Unión Europea no sólo para repartirnos beneficios y prebendas sino, sobre todo, para hacer imposible que guerras en gran parte “civiles” como fue la última gran guerra, puedan asolar otra vez los campos de Europa.

De todas formas, aunque no sea obligatorio, el libro está ahí para quien quiera echarle una ojeada. Yo ya lo he hecho.

Ficha Bibliográfica:

Parker(2003, Matthew Parker, "La Batalla de Monte Cassino", Inedita Editores, Barcelona, junio, 2006, Tit.Orig: The Story of the Hardest-fought Battle of World War Two.

viernes, 13 de abril de 2007

A.Doxiadis. El tío Petros y la conjetura de Goldbach


Todo entero mayor que 2, es igual a la suma de dos números primos

Con este argumento trate Ud de crear una novela que resulte interesante a todo tipo de público, incluyendo aquellos que confunden los números primos con alguna clase de parientes más o menos cercanos.

Este desafío se lo planteó Apostolos Doxiadis, un australiano que creció en Atenas y que, ya de adulto, se dedica al cine y a dirigir obras teatrales. También escribió varias novelas en inglés, de las cuales sólo ésta (que yo sepa) ha sido traducida. El resultado ha sido extraordinario porque nos mete a los mortales sin apenas conocimientos de tan vasta ciencia (es una pena, pero en nuestra época, saber de “matemáticas” no es un signo de refinamiento intelectual) en el extraño y laberíntico mundo de sus cultores. Además con un final inesperado que se agradece porque todo resultado que nos toma de sorpresa y que no tiene trampa (es decir que no se lo saca el escritor de la manga rompiendo la lógica del relato) contribuye en mucho al placer de leer un buen libro.

Además el libro está lleno de anotaciones psicológicas sobre lo que mueve al científico a sacrificar su tiempo y sus relaciones en una búsqueda tan árida, a la vez que ofrece con gran claridad explicaciones sobre arduas materias como, por ejemplo, el muchas veces citado y casi nunca con sensatez: “teorema de Gödel”.

Hardy, Ramanujan, Turing son también personajes de esta obra; como jugando aprendemos más que si leyeramos un sesudo artículo en alguna revista especializada, por lo tanto lo recomiendo calurosamente.

Por otra parte aunque el libro ya no está en los escaparates de las librerías, siempre puede conseguirse de segunda mano o a través de Internet.

Ficha Bibliográfica:

Doxiadis(1992), Apostolos Doxiadis, "El tío Petros y la conjetura de Goldbach", Ediciones B, www.edicionesb.com, Tiempos Modernos, Barcelona, marzo-2000, pp. 199, Tit.Orig: Uncle Petros and Goldbach's Conjecture

miércoles, 4 de abril de 2007

W.Gombrowicz. Diario (1953-1969)

Witold Gombrowicz nació en Polonia en 1904 y murió en Francia en 1969, fue un escritor enraizado en su país y que pasó por un largo exilio, parte del cual se dio en Argentina (de 1939 hasta 1963). Este libro autobiográfico recoge sus impresiones desde 1953 hasta poco antes de su muerte.

En realidad no es un propiamente un “diario” tal como estamos acostumbrados. Sus capítulos fueron siendo publicados en la revista mensual Kultura (editada en París y contrabandeada con éxito en la Polonia de posguerra, es decir en la Polonia comunista), por lo tanto no es un texto fruto de la necesidad del escritor de dialogar consigo mismo, sino que responde a un proyecto literario y político, con características de ensayo filosófico y sociológico, y que puede parecerse más bien a una novela de ensayo que a un cuaderno de apuntes para uso propio.

Las peculiaridades del vida de Gombrowicz y su obra pueden leerse en cualquiera de los diferentes artículos que sobre él existen en la Red, por lo que me concentraré en su libro tal como puedo yo apreciarlo.

Es un libro extenso, sus más de ochocientas páginas no se leen de un tirón, y además no creo que fuera bueno hacerlo, ya que al poco tiempo se nos instalaría una monotonía que haría muy dificultosa su lectura atenta. Y es que muchas de las reflexiones de Gombrowicz resultan muy ajenas a la sensibilidad de un lector español o latinoamericano. El autor vive en Buenos Aires, pero a veces da la impresión que está sentado en una nube… que por casualidad pasa por el sur del continente americano. En realidad su espíritu reside casi permanentemente en su Polonia natal, y en las desgracias circunstancias de su martirizado país; para el cual el fin de la segunda guerra mundial no represento la vuelta a la libertad. Una situación paradójica, si se piensa que al fin de cuentas la segunda gran guerra empezó por Polonia, y por la resistencia de Gran Bretaña y otras democracias occidentales a verla bajo la bota prusiana. A pesar de ser Polonia la causa final de la guerra, el fin de ésta no la benefició en nada y pasó, sin solución de continuidad, de un régimen nazi a uno soviético, mientras las potencias europeas y EEUU miraban púdicamente hacia otro lado.

Algo que explica muy bien Gombrowicz: “… la diferencia entre el intelectual occidental y el del Este consisten en que al primero no le han dado bien por el c…” (pág.32), así que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Muchas de las reflexiones de este escritor siguen teniendo una triste vigencia; allí radica, según lo veo, la importancia de este extenso y a veces difícil (por sus referencias nacionales) texto. Como cuando escribe un poco más adelante: “La crisis intelectual que estamos atravesando no debemos achacarla necesariamente a la desconfianza hacia la fuerza de la razón, sino más bien al hecho de que su radio de acción sea tan insignificante” (pág.57) También puede dejar muy pensativo al lector inteligente estas reflexiones que Gombrowicz escribe con la esperanza de que puedan ser leídas en su lejano, para él, país: “¡Libertad! Para ser libro no sólo hay que querer ser libre, hay que querer ser libre sin exageración. Ningún deseo, ningún pensamiento llevado demasiado lejos conseguirá oponerse a los extremismos…” (pág.135) Si alguien encuentra en estos pensamientos alguna relación con la realidad actual, entonces es muy probable que el libro le interese más allá de las circunstancias en que fue pergeñado.

También el escritor se detiene en algunos momentos para analizar el país que lo acoge, y los escritores, sobre todo muy jóvenes, que alrededor de él se reunieron. Comenta la realidad intelectual argentina con bastante sarcasmo. Habla de Victoria Ocampo y la revista Sur, de Borges (“probablemente el escritor argentino de mayor talento, de una inteligencia agudizada por los sufrimientos personales…”) y de los personajes instruidos con los que tenía oportunidad de tratar: “¿cuáles eran las posibilidades de entendimiento entre yo y aquella Argentina intelectual, estetizante y filosofante? A mi me fascinaba, en este país, lo bajo y eso eran las alturas. A mi me encantaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París. Para mí, esa silenciosa, no confesada juventud del país constituía una vibrante confirmación de mis propios estados de ánimo, ésa fue la razón de que Argentina me sedujera como una melodía o como el anuncio de una melodía. Ellos no veían ahí ninguna belleza. Y para mi, si había en Argentina algo que alcanzaba la plenitud de expresión y podía imponerse como arte, estilo y forma, ese algo se manifestaba solamente en las fases tempranas del desarrollo, en el joven, y nunca en el adulto (…) Pero ellos no veían en esto ninguna ventaja, y esta elite argentina parecía más bien una juventud dócil y diligente, cuya ambición fuese aprender cuanto antes de la madurez de los mayores…” (pág.200).

Pero Gombrowicz no se detiene, salvo en algunas páginas dispersas, en la tierra donde se encuentra. Su alma está allá lejos, y lo escribe con rotundidad: “Volvamos a los asuntos polacos… Prefiero divertirme con mis enemigos antes que destruirlos. Siempre he hecho lo posible por divertirme con los enemigos, incluso en aquellas épocas en que me hacían la vida absolutamente imposible” (pág.482)

Y así todo el libro; no se espere un final con moraleja. Las descripciones, como la de la reunión del Pen Club en Buenos Aires, valen por si mismas; como notas rápidas tomadas por un espectador que conoce el paño y no se deja engañar por la niebla de las palabras oficiales: “Oh, pero no es Borges quien me irrita, con él y con su obra yo llegaría a entenderme de alguna manera cara a cara…, lo que me irrita son los borgianos, ese ejército de estetas, cinceladores, expertos, iniciados, relojeros, metafísicos, sabihondos, sibaritas… “Este artista puro tiene la desagradable capacidad de movilizar en torno suyo todo aquello que hay de más mediocre y castrado!” (pág.671).

Es un libro para llevarse de viaje. Uno de esos largos viajes en tren, en el que podemos disfrutar de la lectura y de los paisajes que van pasando por la ventanilla (si tenemos la suerte de estar en un vagón donde no nos molesten los imbéciles que hablan por teléfono móvil y cuentan a todo el pasaje sus minúsculas y vulgares impresiones personales).

En 1963 escribe ya desde Berlin, y resulta muy interesante como la cercanía a su amado país, que sigue siendo de tan difícil acceso, modifica sus pensamientos y permite pensar más en la Argentina que mientras estuvo en ella: “Si Argentina me cautivó hasta tal punto que (imposible dudarlo ahora) yo estaba profundamente y para siempre enamorado de ella (y a mi edad no se lanzan semejantes palabras al viento oceánico), convendría añadir sin embargo que, aunque me mataran, no sabría decir qué es lo que me sedujo en esa pampa tediosa y esas ciudades vulgarmente burguesas. ¿Su juventud? ¿Su “inferioridad”? (Ah, ¿cuántas veces me vino en Argentina la idea, una de mis ideas capitales y más excitantes, de que “la belleza es inferioridad”?) (…) Argentina era sin embargo algo cien veces más rico ¿Vieja? Sí. ¿Triangular? También. Y también cuadrada, azul, pero asimismo ácida en espiral, amarga, es cierto, pero también interior y un poco como el brillo de unos zapatos, como un topo, o un portal, también tipo tortuga, cansada, ensuciada, como el hueco en un árbol o un abrevadero, simiesca, carcomida, perversa, sofisticada y aficionada a los sándwiches, parecida al empaste de una muela…” (pág.683)

Es cuestión de gustos… y a mi Gombrowicz me gusta. Además comparto algunas de sus reflexiones, quizá porque yo también conozco algo de Argentina ya que allí estuve durante varias décadas. Lamento no conocer Polonia y su intrincado idioma; quizá así podría comprender mejor a Witold y a muchos de sus pensamientos. De todos modos algunos son tan claros que podrían ser considerados como universales: “El trato con el pasado es un continuo esfuerzo por atraparlo, es llamarlo incisamente a la existencia…, pero como lo desciframos gracias a los rastros que nos ha dejado, y estos rastros dependen del azar, del tipo de material en que han llegado hasta nosotros, frágil o menos frágil, de distintos accidentes ocurridos en el tiempo, ese pasado sólo puede ser caótico, casual, fragmentario…” (pág.805).

En síntesis, no es un libro que recomendaría a todos los lectores de este blog; ni siquiera a aquellos que se han sentido estimulados por los pequeños fragmentos que aquí he trascripto. Como digo hace unos párrafos, es cuestión de gustos… sólo que para saberlo hay que probarlo; eso sí, con tiempo y sin prisa, porque de otra manera lo único que haríamos sería liquidar una interesante tarea antes de empezarla.

Ficha Bibliográfica:

Gombrowicz(1988), Witold Gombrowicz, "Diario (1953-1969), Seix Barral, Biblioteca Gombrowicz, Traducción del polaco por Bozena Zabocklicka y Francesc Miravitlles, Barcelona, 2005, www.seix-barral.es, pp.862, Tit.Orig: Dziennik

E.V.Manstein. Victorias Frustradas

Este es un libro para especialistas. La materia no es otra que “Historia militar”, y por lo tanto no se espere de él ninguna concesión a un público lector más amplio. Dicho esto, que me parece importante, agrego que es, dentro siempre del contexto señalado, un libro clave. Ya tenía noticias de él, pero al no existir edición al alcance lo dejaba para mejor ocasión. Pues bien, el momento llegó gracias a la editorial “Inédita” y me sumergí en su lectura para comprobar de primera mano como eran de buenas las memorias del Mariscal de Campo Erich von Lewinski, más conocido por el nombre de Von Manstein (1887-1973).

Se debe a este famoso general el plan ofensivo que destrozó las defensas francesas en el frente occidental en 1940, la conquista de Crimea, la derrota de los ejércitos soviéticos que en la primavera de 1942 intentaron reconquistarla y la caída de Sebastopol, plaza fuerte cuya posesión no fue menor en intensidad y combates a los acaecidos pocos años después, e inmortalizados por el cine, a la conquista de la isla de Iwo Jima por las tropas norteamericanas.

En 1942, noviembre, cuando se produjo el cerco al VI Ejército en Stalingrado, Von Manstein fue el encomendado por Hitler para salvarlo. Como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos del Don (más tarde llamado “del Sur”) lo intentó y llegó hasta 50 km. de las líneas que contenían la bolsa del ejército cercado. No obstante la ofensiva soviética se lo impidió y los combates que siguieron le permitieron salvar el ala sur del despliegue alemán. Campaña que terminó con la retoma de Jarkov, en marzo de 1943, por la que se le concedieron las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero.

En el verano de 1943 participa comandando una de las alas en la operación Ciudadela, la última ofensiva del ejército alemán que produjo el mayor combate de tanques de toda la historia militar, en Kursk.

Dirigiendo el Grupo de Ejércitos del Sur, se enfrentó al avance continuado soviético, retrocediendo hasta la frontera polaca. En marzo de 1944 y debido a su disidencia con Hitler respecto a como llevar las operaciones defensivas en el frente del Este, se le retira del mando y se lo condecora con las Espadas de la Cruz de Caballero. Nótese que es un caso muy especial ya que por ese entonces Hitler eliminaba comandantes de un plumazo y los enviaba a casa en medio de fuertes recriminaciones. Sin embargo en el caso de Von Manstein se hizo una excepción tanto más notable cuanto que la divergencia con su Comandante en Jefe era total.

Para él la guerra terminó un año antes, y en enero de 1945 evacua a su familia de Prusia Oriental para no caer en manos rusas. Posteriormente, ya terminada la guerra, es detenido por los británicos y en 1949 es sentenciado en Nüremberg por crímenes de guerra a 18 años de prisión; pena reducida a 12 años y posteriormente es liberado luego de pasar cuatro años en cautiverio. La carrera militar de Von Manstein no termina sin embargo aquí ya que ocupó el cargo de Consejero Militar de la Bunderwehr reconstruyendo el ejército federal (muy diferente a su predecesor) y también escribió dos libros, éste que comento y “Vida de un soldado”. Muere a los 86 años, en Baviera, rodeado por su familia.

Manstein fue considerado por sus colegas como un genio militar, y su vinculación con el gobierno nazi fue correcta pero tampoco de las más cercanas. Digamos que se mantuvo en un punto equidistante entre el respeto a la autoridad y su implicación fuertemente nacionalista y prusiana en el conflicto bélico que lo tuvo como un protagonista del Alto mando alemán. No ahorra críticas a la conducción de la guerra por parte de Hitler, críticas que probablemente eran comunes en los altos estamentos de la oficialidad, pero siempre aclara que siempre le fue fiel, no implicándose en la conspiración contra Hitler ni en ninguna otra clase de resistencia al régimen. En realidad por sus palabras escritas se puede deducir que Von Manstein creyó en Hitler como conductor de Alemania y sólo reparó en sus fallos cuando tuvo que confrontar en diferentes agitadas reuniones sus opiniones con las del dictador.

Para Manstein Hitler reunía grandes condiciones: “… poderosa voluntad, nervios seguros, capaces de mantenerse hasta en las más agudas crisis, y una innegable perspicacia, además de apreciables facultades operativas y la de percatarse de las posibilidades reservadas a la técnica” (pág.382) pero por otro lado considera que a Hitler le faltaba “esa especial competencia militar que tiene su base en la experiencia y a la que nunca llegó a suplir enteramente su ‘intuición’” (pág.372)

Por lo tanto considera que Hitler fue un comandante excepcional, con importantes aciertos al principio de las operaciones que paradójicamente, lo llevaron a una estrategia equivocada cuando las circunstancias cambiaron radicalmente. Según Manstein Hitler adoptó un plan de aferrarse a las posiciones, típico de Stalin en la primera época de las grandes derrotas soviéticas, en vez de sacrificar objetivos secundarios en pro de alcanzar una gran movilidad de sus ejércitos y presentar batalla allí donde los rusos seguían siendo inferiores.

El libro está bien escrito, sin florituras, con lenguaje sobrio y claro. Resulta muy ilustrativo para el especialista y puede ser juzgado algo repetitivo para el lector ocasional. Manstein, tengo la sensación, escribe para colegas y para la historia y pretende dar su opinión sobre los hechos en que participó y fue responsable. No entra en cuestiones políticas generales, omite delicadamente las barbaridades que los ejércitos alemanes cometieron en territorio ocupado (más allá de unos breves comentarios que descalifican la política nazi en estas zonas invadidas), y destaca el valor, heroicidad y gran competencia de las tropas y oficialidad de su país. En este sentido no hay nada nuevo (¡qué esperar de quién comandó las operaciones de guerra!) y tampoco aporta nada de interés. En cambio, en el terreno propio de la conducción de las operaciones militares Manstein ha escrito un libro que será estudiado a menudo por los diversos ejércitos del mundo, ahora y en el futuro.

Erich Von Manstein escribió un clásico, y por ello merece la atención del especialista y del lector culto que prefiere ir a las fuentes, siempre que le sea posible hacerlo.

Ficha Bibliográfica:

Manstein(1955), Erich Von Manstein, "Victorias Frustradas", Inédita Editores, Barcelona, noviembre 2006, pp.781, Tit.Orig: Verlorene Siege, Athenaum-Verlag, Bonn, 1955

En cuanto a la edición, y considerando el tamaño del libro, casi ochocientas páginas, se agradece el tipo de letra (siempre existe la tentación de reducirla y por lo tanto de hacer más costosa su lectura). Los mapas que la acompañan no son malos, pero sí demasiado pequeños y al ser en blanco y negro resultan, en algunos casos, francamente confusos. Dado que el lector potencial de esta clase de textos no repararía en un pequeño aumento de precio, no fue una decisión feliz convertirlos en un apéndice poco ilustrativo.

domingo, 1 de abril de 2007

H.M.Enzensberger. El perdedor radical

Hans Magnus Enzensberger nació en Baviera en 1929, época difícil para toda Alemania. La depresión del 29 hizo que USA reclamase todos sus créditos al país y la crisis económica, que asoló a toda Europa, llevó a los nazis en pocos años al poder. Enzensberger tendría, entonces, sólo 10 años cuando estalló la segunda gran guerra y por lo tanto se pasó los últimos de su infancia y los primeros de su adolescencia en plena efervescencia bélica. Luego la posguerra fue aún más difícil. El pensador surge siempre en épocas de crisis y conflictos… tendremos “pensadores” para rato.

En este libro publicado en el 2006, es decir a sus 77 años, Enzensberger ya conocido en todo el mundo por haber publicado muchos ensayos, poemas e incluso una novela “El corto verano de la anarquía (Vida y muerte de Durruti), reflexiona sobre el terrorista que convertido en una bomba parlante se dispone a acabar con su vida llevándose por delante a todo aquel que el destino lo haya puesto a su lado.

Como el título del ensayo adelanta, el terrorista es un “perdedor radical”, pero no todo perdedor radical llega a convertirse en un terrorista. Según Enzensberger el perdedor radical es una clase especial de “perdedor”. Todo perdedor se caracteriza por … perder casi siempre; pierde en su adolescencia y juventud, pierde con sus amigos, en la escuela y con las mujeres, pierde en el trabajo y pierde en cualquier cosa que emprenda. Esta clase de perdedores es muy nutrida, el mundo está lleno de ellos, pero algunos, por su inteligencia o por la casualidad pueden dar un paso más en su peculiar carrera y convertirse en algo más: aquellos que tienen una conciencia especial de su situación “mientras le falte esa convicción, podrá irle mal, podrá ser pobre e impotente, haber conocido la ruina y la derrota; pero no habrá alcanzado la categoría de perdedor radical hasta que no haya hecho suyo el veredicto de los demás, a quienes considera como ganadores. Sólo entonces “se desquiciará””(pag.10). y entonces llegará la explicación de su suerte: la culpa de esa situación está afuera; algo hay de demoníaco en el mundo que lo empuja hacia abajo y que se impone a todo esfuerzo personal. El perdedor se radicaliza en la medida que se percibe como una víctima, y los victimarios son la gente que le rodea, pero no todos … existe una clase especial de gente que lo machaca mientras hace como si lo ignorara. Están allí, o cerca y miran hacia otro lado, pero el ha descubierto que en realidad es el centro de una conspiración.

Este fenómeno puede ser tanto individual como grupal; puede incluir a un país, a una zona, o a una entidad mítica (¡América! ¡Los infieles! ¡Los judíos!). El perdedor radical en la medida que encuentra en sus semejantes el reflejo de su propia situación total produce una “energía destructiva” que se “potencia hasta la más brutal ausencia de escrúpulos; se forma una amalgama de deseo de muerte y delirio de grandeza, y de su falta de poder le redime un sentimiento de omnipotencia calamitoso”. (pág. 23).

Partiendo de este tipo de fracaso psicológico que resulta de desgraciadas circunstancias personales el perdedor radical puede, inducido por la ideología extremista que tenga mas a mano, dar vida al militante fanático que porta su bomba como proclama personal de venganza frente a un mundo que lo ignora y a la vez lo humilla. Puede ser cualquier cosa según la época y la sociedad en que viva; puede ser un loco religioso, un comisario bolchevique o un ardiente patriota. Y si ahora es un islamista su tipología no es propia de una zona o una religión determinada. Sólo la casualidad, las circunstancias, el incesante desarrollo de la historia humana determinan que color y que bandera defenderá con igual pasión, con similar torpeza y con idéntica ansia destructiva. Pero siempre es mejor y la convicción es más pétrea cuando se defiende una causa étnica o religiosa, mejor aún si se reúnen ambas condiciones. Entonces se combina en una proporción adecuada el plomo de las frustraciones personales y el oro del mártir popular. En poco tiempo el aspirante, que hasta el momento sólo tenía el currículo habitual del “perdedor” sistemático, se puede convertir en el militante iluminado.

Evidentemente el ensayo de H.M.E. no pretende ser exhaustivo; al fin de cuentas son sólo sesenta y siete páginas donde se bocetan las líneas generales del análisis. Por otro lado no le faltaran críticos que verán un nuevo intento de psiquiatrizar la política “reduciéndola” a un fenómeno de relaciones interpersonales patológicas.

No obstante hay que distinguir, entre lo que pueden ser lo grandes fenómenos sociales, terriblemente complejos, y los ejecutores de primera fila, psicológicamente sencillos por su monomanía.

Un acontecimiento histórico, como el atentado de las Torres Gemelas, requiere un análisis sociopolítico extenso (desde la política exterior del propio país implicada, hasta la propaganda del terror y sus efectos supuestamente valiosos que nos remonta a Nechaev y los primeros teóricos del anarquismo ruso), pero el o los hombres que ejecutan el acto; aquellos que aprenden a pilotar un avión, sin importarles los conocimientos necesarios para aterrizar, o que son capaces de aterrorizar a los pasajeros para que se queden sentados y no molesten… no tienen porque tener ninguna complejidad mental extraordinaria. Basta con que sepan aprender unos movimientos elementales, hacer los gestos adecuados… y no tener en la cabeza nada más que una idea. Algo que incluso los insectos logran con gran perfección.

Según entiendo Enzensberg trata de esta primera línea de fuego; de las personas que violan su propio impulso a la supervivencia y a la felicidad personal. De los que son reclutados para hacer algo… por fin ¡valioso! y que por tanto son rescatados del anonimato y la vida rutinaria para pasar de hoz y coz a la gran historia; y de paso conquistar un lugar especial en el paraíso, si hay algo así después de la vida.

Como perdedores habrá siempre, y perdedores radicales no faltaran, el autor sugiere, con cierta melancolía, que a nuestra sociedad sólo le queda acostumbrarse al fenómeno: “Una sociedad mundial que depende de combustibles fósiles y que no cesa de producir nuevos perdedores tendrá que convivir con ello” (pág.66) La conclusión del autor coincide con la mía, aunque obtenida por un camino diferente. Ignoro si es así (sólo el tiempo lo dirá), pero mejor tomárselo con calma. En un mundo altamente cualificado y tecnificado la emergencia de fenómenos aparentemente inexplicables es previsible. Cuanto más pongamos en la olla, más combinaciones surgirán. Este es el precio que hay que pagar por la complejidad creciente. Hasta que la naturaleza diga basta.

Ficha Bibliográfica:

Enzensberger(2006), Hans Magnus Enzensberger, "El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror", Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 2007, pp.67, Tit.Orig: Schreckens Männer. Suhrkamp Verlag, Frankfurt, 2006