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jueves, 19 de abril de 2007

M. Parker. La Batalla de Monte Cassino

M. Parker ha escrito un libro de historia bélica, desde la perspectiva del soldado de “a pié”. A diferencia de obras como las Memorias de Guderian o Von Manstein, aquí lo que salta a la vista es la perspectiva del soldado de baja graduación, en una campaña que fue dura, muy cruel, y desconocida por el público culto que puede interesarse por esta clase de libros. El título lo dice todo: “Monte Cassino. The Story of the Hardest-fought Battle of World War Two”, una traducción aproximada sería “La historia de una dura batalla de la Segunda Guerra Mundial” (o de la más dura batalla…), pero también podría llamarse, y quizá este título que propongo se acerque más al contenido del texto: “¡Qué asco de guerra!”.

En el invierno de 1943 Italia ya no formaba parte del Eje, se había salido de la guerra, lo cual la llevó, paradójicamente, a entrar completamente en ella. El suelo italiano, y los civiles que lo habitaban, sufrieron lo indecible a manos de las tropas alemanas y también aliadas. Nadie estaba particularmente contra ellos, pero ellos recibieron todas las castañas que ambos contendientes se intercambiaron con prodigalidad (¡Cómo habrán maldecido al Duce y a sus peligrosas amistades!).

El Mariscal Kesselring estaba dispuesto a impedir la subida de las tropas aliadas por la bota italiana, y para ello creó la Línea Gustav que nada tenía que envidiar a la Maginot y que en la práctica resultó mucho más formidable que ésta. Los aliados, con tropas de todas las nacionalidades: norteamericanos, indios, británicos, canadienses, indios, sudafricanos, tunecinos, marroquíes, argelinos, senegaleses, brasileños, polacos, neozelandeses, nepalíes, belgas e incluso italianos monárquicos fueron los encargados de desalojarlos de las trincheras y los fuertes de hormigón que se escalonaban en las rocas y las montañas de los Apeninos, entre Nápoles y Roma. Basta con dar una ojeada al mapa para advertir algunos de los problemas con qué se enfrentaron las tropas atacantes. Dominando el valle del río Liri se encontraba el monasterio de Monte Cassino, cuya historia se remontaba hasta el siglo VI aunque la última construcción era del siglo XIV y por supuesto preparada para durar muchos milenios. En 1943 estaba considerado como una de las mejores posiciones defensivas de Europa y justo tomándolo como centro estableció Kesselring su principal línea de defensa para evitar que cayera Roma en manos enemigas.

La heterogeneidad de las tropas aliadas fueron en si mismo un obstáculo al generar complejos problemas de dirección con comandantes provenientes de disciplinas militares muy distintas: “Durante el trayecto, los diversos batallones y compañías formaban un convoy de aspecto extraño. De los camiones brotaban toda clase de excrecencias, tales como cajones de pollos vivos, cubos, bolsas de agua, trozos de muebles y ropas secándose al viento. De algunos de los camiones llegaban los balidos de ovejas y cabras, porque tanto musulmanes como hindúes transportaban su carne viva la sacrificaban ritualmente según la necesitasen. El convoy entero era como un circo ambulante, si bien erizado de armas, y el espectáculo era observado con asombro por la población italiana, harta de la guerra” (pag.232)

Cuatro grandes batallas fueron necesarias, además de demoler el monasterio, junto con sus insustituibles obras de arte, hasta que las tropas del general Clark alcanzasen, por fin, la ciudad eterna. Durante las operaciones se cometieron muchos errores, graves, con pérdidas de miles de vidas, y toda clase de actos que actualmente se llaman “genocidas” y sólo se dan, de manera masiva, en las oscuras guerras marginales que de tanto en tanto llegan a la primera plana de los diarios. El libro describe con todo detalle, estas luchas, y la manera como fueron abordadas por todas las tropas combatientes.

“Las patrullas sufrían frecuentes emboscadas en el terreno montañoso. Un cabo de la Durhan Light Infantry relata uno de esos episodios: ‘Nos descubrieron. Jerry disparó sus morteros contra nosotros, así que tuvimos que regresar a nuestras posiciones. Ni antes ni después he estado bajo un cañoneo como aquel. Aquella noche Jerry [los alemanes] lanzó todo lo que tenía contra nosotros. Bastantes de los nuestros quedaron conmocionados –sencillamente perdieron los nervios- lloraban, reían, lloraban un momento, reían al siguiente… como si fueran niños’” (pág.301)

El autor describe el daño que hicieron los alemanes a los italianos, a los que trataban muchas veces como esclavos; pero también el que hicieron los aliados con sus ataques y bombardeos indiscriminados, sus recursos gigantescos y una administración ajena, sin participación de italianos, en medio de la miseria total de la población nativa.

El caso paradigmático fue Nápoles (que me hizo recordar la novela, leída hace mucho tiempo, de Curzio Malaparte: “La Piel”). Ciudad destrozada por los alemanes y tomada por los aliados que la convirtieron en su base de operaciones y centro de esparcimiento. Antro de corrupción y diversión, donde la vida no valía casi nada y el honor era un concepto desconocido: “El cómico Tommy Trinder, que visitaba las áreas de retaguardia entreteniendo a las tropas británicas, siempre obtenía una carcajada cómplice cuando contaba un chiste sobre su primera llegada al puerto de Nápoles. Según sus órdenes, contaba, debía presentarse inmediatamente ante el jefe de puerto; que tendría un coche preparado para llevarle a su primer espectáculo para las tropas. Cuando Trinder bajaba del barco fue abordado por uno de los muchos chulos que frecuentaban el puerto. “Yo te llevo a chica bonita”, ofreció el proxeneta. Tommy siguió caminando. Aun persiguiéndole, el proxeneta le repitió su oferta. El cómico se paró y dijo: “No quiero una chica bonita. Quiero al jefe del puerto”. El italiano alzo la vista al cielo, como una expresión de asombro ante los peculiares gustos del ‘inglese’. “El jefe de puerto –repitió-. Es muy difícil; pero yo intento.” (pág. 304).

Bromas aparte la población lo pasó realmente mal, y esto sin hablar de los irregulares marroquíes que sembraron el terror en sus avances, ya que al llegar a los pueblos, mientras mantenían inmovilizados a punta de pistola a los hombres del lugar, violaban a todas las mujeres sin distinción de edad, desde niñas hasta abuelas, causándoles graves daños que en muchos casos las condujeron a la muerte.

Tanta barbarie y crueldad, mezclada con heroísmo, humor, solidaridad, parece imposible. Impropio del siglo XX (En nuestra imaginación esas cosas sólo sucedieron en la Edad Media). Pero todo esto pasó en un país cuna de nuestra civilización; y los actores fueron las mejores tropas destacadas por ambos bandos junto con la presencia de civiles que sólo aspiraban a que la guerra, no importa quien ganara, fuese sólo un recuerdo lejano.

Las tropas alemanas, reducidas en número y recursos, se bastaron para frenar los contingentes aliados muy superiores en todo. Los errores de los comandantes, incluyendo la estrategia equivocada de los grandes generales, están ahí, para quién quiera leerlas. También el libro toca el tema de los supervivientes y de los soldados que unos pocos años después lograron volver a la vida civil. Muchos nunca se acostumbraron a una vida normal: sueños, pesadillas, recuerdos, hábitos, todo conspiraba para convertirlos en inválidos mentales; formando parte invisible de la cuenta de millares de victimas que quedaron como abono en el suelo italiano. El libro no ahorra horrores, y el autor brinda suficiente información como para hacernos pensar en hechos que están históricamente tan cerca, y que, sin embargo, nos parecen tan lejanos.

Quizás debería establecerse como asignatura obligatoria, en todos los colegios secundarios y pre-universitarios, la historia de la segunda gran guerra. A lo mejor, así, lograríamos tener conciencia de lo importante que es la Unión Europea no sólo para repartirnos beneficios y prebendas sino, sobre todo, para hacer imposible que guerras en gran parte “civiles” como fue la última gran guerra, puedan asolar otra vez los campos de Europa.

De todas formas, aunque no sea obligatorio, el libro está ahí para quien quiera echarle una ojeada. Yo ya lo he hecho.

Ficha Bibliográfica:

Parker(2003, Matthew Parker, "La Batalla de Monte Cassino", Inedita Editores, Barcelona, junio, 2006, Tit.Orig: The Story of the Hardest-fought Battle of World War Two.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mi padre fue uno de los combatientes de la batalla de montecassino,el era polaco,manejaba el tanque,y recuerdo que los tomaron de sorpresa a los alemanes que desde donde estaban,dominaban,tenian toda la vision,mi papa se llamaba herman estasnislao,no se si esta bien escrito,pero si se que lucho contrael mundo,dejo su pais, a los 18 años ,polonia,donde dejo a su madre estefania ben,luego ,se caso en,italia con laura agnoletti,nacidaen forli el 1 de julio de 1925,terminada la guerra,se tuvieron que ir de sus paices,a pesarde haber combatido,legaron a la argentina,en el año 1948,y em el año 1984 murio mi mama de 60 años y mi papa fallecio en el 2004-1920-2004.los amo. yo soy una de su hijas -angela y quiero saber de mis origenes