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martes, 16 de enero de 2007

Austerlitz (2)

Este libro “Austerlitz” ya lo he reseñado en el blog, sin embargo quiero ampliar mi comentario inicial debido a que buscando información, sobre el expolio a que sometieron los nazis a todos los países invadidos, lo hojeé para precisar algunos datos que recordaba vagamente.

Al reencontrarme con Austerlitz tengo que adaptarme, otra vez, al peculiar estilo de Sebald: minucioso hasta la extenuación, con largos párrafos y la coma como único signo de puntuación, con su lenguaje depurado, extremadamente rico y sutil, con su ritmo de corredor de maratón, que nos anuncia lo mucho por contar que aún le queda.

Localizo las partes que me interesan: la invasión nazi a Checoslovaquia, las vicisitudes de una Praga inerme donde las familias tenían que pagar, luego de fusilados sus padres o hijos, por los costes de la ejecución (eso sí, se aclaraba en la factura enviada, que se podía hacer “a plazos”). El periplo doloroso de los judíos rejuntados como ganado y enviados hacia destinos inciertos en condiciones miserables, pero con la cobertura precisa de una administración que hacía de la estadística y la contabilidad su culto privado. Y los niños, pequeños refugiados enviados a tierras más seguras, dejando detrás el dolor inenarrable de una separación que se adivinaba definitiva.

Sebald escribe documentos como si fuesen novelas; uno no sabe si lee ficción absoluta o relativa, si los hechos de verdad sucedieron en sí, aunque es muy difícil creer que pudieron suceder de otra forma. La ambigüedad de sus textos es su marca de fábrica, además las imágenes con que los acompaña no destruyen la idea de ficción sino que la realzan. Una manera muy extraña de usar la fotografía para no documentar sino como parte del mismo texto narrativo. Considero muy importante para aquel que quiera recrear una época conocer las buenas obras literarias. Y aún en nuestro mundo moderno, donde existen tantas fuentes de información, el novelista, sigue siendo aquel que tiene, probablemente, la mayor fuerza de evocación. La literatura es la otra pata de la historia que no debemos desdeñar.

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