viernes, 9 de marzo de 2007

Los Medvedev y R.Service se meten con Stalin



Alguien, de cuyo nombre ahora no me acuerdo, afirmó que el poder corrompe, y añadió a continuación, “el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y todos los indicios que ofrece la experiencia política del pasado avalan estas palabras; difícilmente algún gobernante se escapa de esta regla, y si se escapa, habría que ver si no murió demasiado joven o no fue investigado lo suficiente.

No obstante que la mayoría de los humanos actuales, por lo menos de esta parte del mundo, tenemos la misma sensación: los dictadores absolutos nos atraen como a algunas personas las serpientes. ¿Qué hay debajo del interés por esta clase de gente? Quizá la respuesta de los historiadores sea muy variada, y probablemente existan muchas razones para avalar estos estudios; además de ellas es evidente, para mi, que hay un poco de morbo en el asunto. Un dictador absoluto es como alguien que le tocó el premio mayor de lotería y a partir de su poder puede hacer lo que quiera, algo que aunque malo… es muy atractivo. En mi caso hay tres dictadores absolutos que me atraen (Lénin, Stalin y Hitler) y aunque puedo alegar razones bastante racionales, no puedo negar, si quisiera ser absolutamente franco, que también me interesa conocer como vivieron y que sentían estos personajes que tenían bajo su férula millones de personas y que con un solo gesto podían hacer pasar a mejor vida a cuantos quisieran. Esta gente es normal, aunque no del montón; más es el poder absoluto el que los eleva hasta el grado de semidioses que pueblan, irremediablemente, nuestro olimpo post moderno.

De los tres citados el único intelectual es el primero Vladimir Ilich Ulianov, conocido por su nombre de clandestinidad: Lénin, (sus obras completas de más de 200 tomos lo acreditan como pensador),. El segundo, Iosif Vissarionovich, de apodo Stalin, es un ex seminarista y por lo tanto con educación religiosa, y el tercero Adolf Hitler, es un artista (bastante bueno en sus acuarelas, según algunos autores) que eligió la política como terreno propício para practicar su concepto del arte. Resumiendo: un intelectual que se sentía cómodo escribiendo no sólo de política sino también de filosofía; un hombre formado en la religión cristiana, y que elige una mejor manera, según su manera de pensar, para traer el reino de Dios sobre la Tierra; y un artista, pintor y arquitecto, dispuesto a crear un gran nación y un nuevo tipo de hombre.

De este trío mortal hoy comentaré dos libros que tratan del segundo: Stalin.

Los hermanos Medvedev son dos escritores disidentes del viejo régimen, uno, Zhores, bioquímico e historiador, el otro, Roy, historiador y autor de una monumental historia de la Unión Soviética. En este libro, publicado originalmente en el 2003, aportan nuevos documentos para comprender la figura del dictador con cara campechana: “El Stalin desconocido”. Un apasionante texto para comprender algo mejor esta figura: “Stalin fue un gobernante, un dictador y un tirano. Pero tras el manto del culto a la personalidad del déspota también había un personaje de carne y hueso. Sin duda fue cruel y vengativo pero también tenía otras cualidades: Stalin era un hombre reflexivo, calculador y muy trabajador que poseía una voluntad de hierro y una considerable capacidad intelectual: era, sin duda, un patriota preocupado por mantener la hegemonía del estado ruso” (de la Introducción).

Este libro da un punto de vista radicalmente diferente a la mayoría de las interpretaciones sobre su supuesta pérdida de control cuando la invasión nazi del 22 de junio de 1941; según los autores, que se apoyan (por supuesto) en nuevos datos, no fue así. Stalin dio crédito a la información de inteligencia que avisaba del inminente ataque, tomó medidas en consecuencia y no se dejó llevar, por la desesperación como es vox populi creer. Esta versión de la historia, que se basa en los relatos de Jrushov, es muy poco convincente para los autores del libro que comento. Es interesante cotejar lo que ellos escriben con lo que aparece otros libros de historia basados en documentación menos actualizada.

El libro no abarca toda la biografía de Stalin, se centra sólo en algunos acontecimientos y decisiones: la muerte de Stalin y sus misterios, el papel del dictador con las armas nucleares, el caso de Stalin y Lisenko, el asesinato de Bujarin, y otros temas espigados de la historia del tirano y la Unión Soviética que lo sufrió durante más de dos décadas.

El que sí abarca toda su vida es el otro libro, el de Robert Service, “Stalin, una biografía”. Service ha escrito otros libros como el dedicado a Lénin, y en general a la historia de Rusia en el siglo XX. Es un escritor de Oxford y miembro del British Academy.

El autor también ha investigado en los archivos de Moscú, cuando fueron abiertos luego de la caída de la URSS, y por lo tanto conoce los datos aportados por el libro antes comentado, téngase en cuenta que ha sido publicado en versión original en el 2004. Service abarca toda la vida de Stalin, desde su infancia bastante desgraciada, hijo de padre alcohólico, pasando por el Seminario, su juventud revolucionaria y su unión a los bolcheviques. Cuando en 1928 llega al poder supremo, Stalin ya tiene 50 años y una larga historia de lucha y trapos sucios por detrás (incluyendo su etapa como asaltante de bancos). Stalin ansía el poder y domina el aparato del partido comunista, evitando que su gran oponente, Trotski, el hombre destinado a ocuparlo, lo haga. Así desde que alcanza el poder se dedica a consolidarlo hasta alcanzar la categoría de lo absoluto. Nada ni nadie, que tuviese importancia científica, cultural o política podía hacerse en la URSS sin su permiso y bendición. Un hombre que también leía muchísimo y de muchos temas, y que trabajaba de sol a sol, en un ambiente de austeridad que curiosamente era bastante similar al de Hitler. Por otra parte sabemos hoy que existía, a pesar del antagonismo manifiesto y la lucha a muerte, un respeto compartido entre los dos dictadores; Hitler llegó a afirmar en sus conversaciones privadas que el único ruso que realmente valía era Stalin y éste había dado orden a sus servicios secretos que le informaran detalladamente todo lo que hacía Hitler. Interés que iba mucho más allá de lo puramente político y militar.

Es imposible darse una idea de cómo trabajaba y tomaba decisiones Stalin sin situarse en la época y documentarse a fondo. Imaginemos un hombre que mueve todos, absolutamente todos los hilos de un gigantesco país, pero que a su vez no puede estar en todos lados y toda la información que recibe es a través de los documentos que recibía. Documentos que como escribe Service no reflejaban toda la verdad según la percibían sus colaboradores: “Resultaba peligroso presentar informes a Stalin acerca de fenómenos de los que podría haber culpado al informante. Sus colaboradores se autocensuraban cuando se comunicaban con él. Gobernaba a través de instituciones y nombramientos que él mismo efectuaba. Nunca visitó una fábrica, granja o tienda durante los años de posguerra (con excepción de un viaje hasta un mercado en Sujumi, esto tampoco había sido diferente la década de los treinta). No recibía visitas ajenas a su entorno político, salvo por la breve estancia de sus amigos de la infancia en una de sus dachas del Mar Negro. Se relacionaba con la URSS y el movimiento comunista mundial a través de documentos que revestían la forma de decretos, informes y denuncias. No podía saberlo todo” (pag. 497).

A pesar de ello la gestión de Stalin no fue catastrófica aunque sí tuvo resultados terribles para millones de personas de su país y de Europa. Levantó un imperio de posguerra que dividió el continente europeo y le dio una influencia decisiva en Asia. Dirigió con mano de hierro el comienzo de la guerra fría y sentó las bases para que el imperio comunista durara mucho más de lo que podría haber durado si la represión no hubiese sido tan radical en extirpar todo conato de oposición. Sin Stalin la URSS no habría llegado hasta los 90, y la segunda guerra mundial se habría llevado también por delante el comunismo como hizo con el nazismo. La figura de este hombre es esencial para entender lo que pasó después de la derrota de Hitler, y el mismo crecimiento de EEUU como líder mundial no habría sido posible sin la guerra fría que dirigió Stalin desde el otro lado de la mesa. Por lo tanto, no es historia pasada; o mejor dicho, es historia actual, con repercusiones que aún duran y con ejemplos de toda clase, que lamentablemente, siguen estando presentes, con otras caras y con otras ideas. Ideas que, paradójicamente, se acercan mucho a su época de seminarista… así es la historia, a veces parece que tiene humor, aunque sea de una ironía difícil de causar gracia.

Fichas bibliográficas:

Medvedev(2003), Zhores A. Medvedev y Roy A. Medvedev, "El Stalin desconocido", Crítica, Memoria, Barcelona, 2005, pp.366, www.ed-critica.es, Tit. Orig: The Unknown Stalin, I.B.Tauris and Co.

Service(2004, Robert Service, "Stalin. Una biografía", Siglo XXI de España. Madrid, 2006, pp.708, Trad. Susana Beatriz Cella, Revisión Patricia Varona Codeso, Tit.Orig: Stalin. A biography, Macmillan, Pan Macmillan Ltd.