viernes, 31 de agosto de 2007

J.Walter. diario de un soldado de Napoleón

Este interesante librito complementa muy bien a otro ya comentado en el Blog, (me refiero al de David Chandler, “Las campañas de Napoleón. Un Emperador en el campo de batalla de Tolon a Waterloo (1796-1815)”) Es un diario escrito por Jacob Walter, un soldado de leva, alemán, que se ve obligado a participar en la Grande Armée en su invasión a la Rusia zarista.

Antes de la desastrosa campaña del Este, Jacob, de Westfalia, participa en la lucha de las tropas francesas contra Prusia (1806), luego vuelve a participar en las operaciones contra Austria (1809) y por último, en 1812, en la invasión a Rusia con sus trágicas secuelas para el ejército del emperador.

Las memorias están escritas en prosa sencilla, por un hombre de pueblo que no es literato ni pretende escribir para el público, sino para sí mismo y para sus herederos, y no nos habríamos enterado nunca de ellas si no fuera por la labor investigadora de Marc Raeff, profesor de estudios rusos de la Universidad de Columbia.

Los escritos de Walter van precedidos de un estudio del profesor Raeff que sitúa la acción y los principales protagonistas; algo que es importante ya que de esta forma se facilita la comprensión de lo narrado para los que no conocen la época y tienen una vaga idea de las circunstancias en que operaron las tropas napoleónicas.

Según destaca en esta introducción: “La autobiografía de Jacob Walter sólo narra hechos de los que fue testigo y que experimentó en su propia carne […] no hay motivos ocultos en sus memorias, ni tampoco pretendió hacer juicios morales o de otro tipo. Simplemente, cuenta, y con bastante crudeza, lo que puede aflorar en un hombre incondiciones de máxima dureza y atemorizado por la muerte.” (pág. 30)

Yo considero que siempre es fundamental completar la lectura de los hechos narrados por los grandes generales, o sus biógrafos, como el libro ya citado al principio, con versiones de primera mano y, de ser posible, de personal inferior (cuanto más bajo en la graduación mejor) participante en las batallas. Se puede apreciar una perspectiva radicalmente diferente quizá mucho más miope, pero también mucho más humana, y de la misma manera que se necesitan una visión binocular para tener perspectiva necesitamos de varios puntos de vista, alejados entre sí, para situarnos en los acontecimientos históricos que siempre son complejos por su naturaleza.

Un ejemplo de lo que comento (de lo que es improbable encontrar en las biografías de los grandes): “Mientras llegábamos a Orscha, nos dijeron que en un almacén conseguiríamos pan y también avena para los caballos, pero resultó imposible. A pesar de que había un montón de guardias estacionados alrededor del almacén, no pudimos abrir ninguna de las puertas, ya que todo el mundo empezó a darse codazos y empujones para acercarse. Me aproximé con rapidez al lugar para conseguir avena, pero no me fue posible entrar, hasta que los guardias no aguantaron más y abrieron las puertas de par en par. Entonces trepé por la abertura de una ventana, cogí varios sacos de avena con la ayuda de mis camaradas y los llevé junto al fuego del campamento. Inmediatamente después, un soldado que había compartido mi hoguera vino con dos panes. En aquel momento el corazón de los soldados empezó a latir con ansiedad y todo el mundo se apresuró hacia el almacén de pan. ¿Qué otra cosa íbamos a hacer? Muchos soldados débiles que yacían en el suelo fueron pisoteados entre gritos sobrecogedores. Volví a entrar por la abertura de la ventana y me llevé cinco panes, aunque estaban hechos migajas. Desde que salimos de Moscú, aquel fue el segundo trozo de pan que me pude llevar a la boca y di gracias a Dios por él, con el rostro bañado en lágrimas.” (pág. 106)

Jacob Walter tuvo suerte y sobrevivió al desastre generalizado. De los seiscientos mil hombres que cruzaron la frontera rusa, en junio de 1812, sólo veinticinco mil volvieron a cruzarlas en diciembre de ese mismo año. La campaña rusa precipitó la caída de Napoleón y determinó la configuración europea en el siglo que apenas comenzaba. Fue también el acontecimiento más estudiado por el Estado Mayor de Hitler, y sin embargo poco les sirvió. La Historia demuestra que las posibilidades de equivocarnos, son tan infinitas como probables; aunque los que soportan el coste más terrible en las decisiones políticas de envergadura suele ser, ¡como si no!, el pueblo llano.

Ficha Bibliográfica:

Walter(1991), Jacob Walter, “Diario de un soldado de Napoleón”, Edhasa, Colección Tierra incógnita, www.edhasa.es Madrid, junio 2004, pp.213. Tit.Orig: The Diary of a Napoleonic Foot Soldier, Doubleday Publishing Group.