miércoles, 20 de junio de 2007

D.Chandler. Las campañas de Napoleón

Ahora, en el hemisferio norte entramos en el verano, y uno tiene que ir pensando que libro llevarse de vacaciones. Pues bien, yo le propongo éste. Seguro que tardará en terminarlo; sus 7,5 centímetros de grueso (incluyendo las tapas) están llenos de información y planos que le ayudarán a seguir las batallas. Eso sí, si tiene que viajar en avión piense que este volumen tiene 1840 g., es decir casi dos kilos de peso, y a menos que quiera irse a las antípodas y tenga muchas, muchas horas de viaje, puede resultar molesto andar con tal trasto. A cambio, el lector dispondrá de un panorama de todas las batallas del emperador, desde las primeras, en 1796, hasta las últimas, en 1815. Podrá detenerse en las campañas de Italia, en la famosa de Egipto (dónde los soldados franceses que se aburrían dispararon destrozando la nariz de la Esfinge) o la de Rusia que bien merece ser recordada porque si bien el emperador la ganó militarmente, al final terminó desastrosamente por no haber contemplado la posibilidad, nada remota por cierto, de una extensión temporal a la guerra mucho mayor que sus campañas anteriores.

Lo interesante de este libro es que al estar escrito por un experto inglés proporciona un punto de vista que necesariamente debe ser exigente en su objetividad para no ser tachado de hipercrítico por su origen. David Chandler ha escrito muchos libros sobre Napoleón, como se puede constatar consultando Internet, y además ha revisado la inmensa bibliografía que existe sobre Napoleón. Evidentemente es imposible que haya revisado los más de 250.000 libros que se calcula que se han escrito sobre el gran corso, pero un especialista en historia militar del siglo XVIII como él seguro que ha ojeado y analizado a los mejores. Los apéndices finales proporcionan información en esquemas que son muy útiles para hojear, antes de empezar con el libro. Al fin de cuentas la historia del personaje es bastante conocida y el que se mete con este libro es porque quiere captar los detalles y las circunstancias de manera muy pormenorizada.

En mi caso me sorprendió el encarnizamiento de las batallas posteriores a Waterloo, ya en territorio francés. Estos acontecimientos, menores en tanto no modificaron el curso de la historia, son poco conocidos y sólo cuando nos encaramos seriamente con el tema podemos llegar a captar su significado. Qué Napoleón no perdió su imperio en Waterloo es algo que resulta evidente para quién lea este libro; en realidad en esta famosa batalla estuvo en un tris de ganarla, pero lo que estaba fallando era su relación con la sociedad francesa de su tiempo y fue esa misma sociedad la que le dio la espalda luego de Waterloo y antes de que llegaran los prusianos a París: “…Aun así Napoleón siguió sin aceptar que estaba en una situación desesperada. Pretendía seguir hacia el este, dejando París en la estacada y, si era preciso, trasladando la sede de gobierno a Orleáns, pero sus mariscales, cansados de guerrear, se rebelaron. Entonces el Emperador, casi por primera vez en su carrera, se plegó a la opinión de los demás y partió hacia el oeste, en dirección a París.” (pág.1040)

Como a todos nosotros nos gusta, aunque deberíamos ser muy prudentes al hacerlo, comparar hechos históricos separados en el tiempo, no deja de llamar la atención la respuesta diferente que dieron los franceses a las derrotas de Napoleón y como se comportó la sociedad alemana frente a las derrotas de Hitler. Tentados estamos a pensar que, al fin de cuentas, los franceses fueron más racionales; pero sería una comparación muy peligrosa, insisto, porque los franceses no sufrieron el lavado de cerebro de la dictadura nazi; y por lo tanto el fanatismo de ambos pueblos estaba incentivado en proporciones muy diferentes.

La lectura de este vasto libro puede acompañarnos días, semanas, y según nuestro ritmo, hasta meses. El que tenga paciencia para hacerlo… se verá recompensado con una visión de los acontecimientos europeos de fines del dieciocho y principios del diecinueve fascinante. En cierto sentido Napoleón fue un adelantado a su tiempo, y fue el primero que pensó en una Unión Europea bajo la égida francesa. Paradójicamente su sueño se hizo realidad, pero, ironías de la historia, la hegemonía de esta Unión está en manos alemana. Eso sí, con el acuerdo de todos (un acuerdo con muchas dudas, tal como corresponde a la Europa de siempre).

Ficha Bibliográfica:

David Chandler(1966), “Las campañas de Napoleón. Un Emperador en el campo de batalla de Tolon a Waterloo (1796-1815)” Editorial La Esfera de los Libros, www.esferalibros.com, Madrid, 2005, pp. 1246. Tit.Orig: The Campaigns of Napoleon

4 comentarios:

druida70 dijo...

Concuerdo, contigo que un libro bastante pesado, casi dos kilos, pero de lectura obligada para alguien que quiera conocer a fondo las campañas del Gran Corso. Recien acabo de iniciar su lectura. Te felicito por el Blog.

druida70 dijo...

Concuerdo, contigo que un libro bastante pesado, casi dos kilos, pero de lectura obligada para alguien que quiera conocer a fondo las campañas del Gran Corso. Recien acabo de iniciar su lectura. Te felicito por el Blog.

Europa Napoleónica dijo...

A 'Libros y Lecturas',

Le comento los graves errores detectados y le insto a que se vuelva a leer el libro, si es que ha pasado del prólogo alguna vez:

-- 1. "Egipto (dónde los soldados franceses que se aburrían dispararon destrozando la nariz de la Esfinge)"

Falso. Dicha falacia fue creada por la prensa británica para desacreditar a la legión cultural de 150 científicos, matemáticos, artistas y escritores que llevó Napoleón al desierto.

El origen de los daños producidos a la Gran Esfinge de Guiza se deben a la campaña mameluca de 1260.

-- 2. [Rusia] "al final terminó desastrosamente por no haber contemplado la posibilidad, nada remota por cierto, de una extensión temporal a la guerra mucho mayor que sus campañas anteriores."

Falso. La campaña de Rusia (1812) duró un año, la prusiana varios más.

-- 3. "las batallas posteriores a Waterloo, ya en territorio francés"

Falso. La campaña de Francia fue en 1814. Tras Waterloo (15-18 de Junio 1815) no se libra batalla alguna.

-- 4. "Napoleón no perdió su imperio en Waterloo es algo que resulta evidente para quién lea este libro"

Falso. Ver punto anterior.

-- 5. "sus mariscales, cansados de guerrear, se rebelaron."

Falso. Fue el propio Napoleón el que decidió poner fin a su imperio en Waterloo. Sus mariscales le recomendaron todo lo contrario, contratacar con los 125.000 bisoños de María Luisa acuartelados en la ruta de París.

-- 6. "respuesta diferente que dieron los franceses a las derrotas de Napoleón y como se comportó la sociedad alemana frente a las derrotas de Hitler"

Falso. Se trata de un anacronismo histórico.

-- 7. "ironías de la historia, la hegemonía de esta Unión está en manos alemana."

Falso. La Confederación del Rin, utilizada como base para la Unificación alemana de Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, fue invento de Napoleón, gobernada por él mismo en persona.


Un saludo,

Europa Napoleónica
http://europanapoleonica.blogspot.com/
https://twitter.com/EUnapoleonica

Carolus Brigantinus Barbatus dijo...

Por error se ha suprimido el siguiente comentario que incorporo ahora mismo:
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""ironías de la historia, la hegemonía de esta Unión está en manos alemana."

Falso. La Confederación del Rin, utilizada como base para la Unificación alemana de Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, fue invento de Napoleón, gobernada por él mismo en persona"

creo que el post se refiere más bien a la Unión europea actual, que está claramente en manos germanas

Anónimo

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