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miércoles, 23 de enero de 2008

J. Meyer. La Gran Controversia

Este libro del historiador Jean Meyer merecería un comentario más profundo del que yo puedo hacer. Para los habituales a este blog, sugiero visitar http://www.elcultural.es/HTML/20060928/LETRAS/LETRAS18710.asp cuya lectura ilustrará algo más de que trata el estudio. También a modo de resumen de las cuestiones básicas aquí analizadas, ir a http://www.letraslibres.com/index.php?sec=22&autor=Jean%20Meyer que es una colección de artículos de nuestro autor y leer la que tiene por título: “Herejías y Profecía Rusa”, de mayo de 1997 (se lo puede uno bajar en formato pdf).

El tema central del texto que hoy comento se refiere a la disputa y cisma entre la Iglesia Católica Romana y las Iglesias Cristianas de Oriente, en particular los que se llaman “Ortodoxos”.

Tema intrincado, sinuoso, y a veces francamente hermético. Si ir más lejos sumergirse en la disputa teológica del “filioque” (y del hijo) significa que el lector aprende que el “Espíritu Santo” (sea eso lo que fuere) emana del Padre según los católicos, cosa que es rechazada con gran indignación por los ortodoxos, o también de ambos: padre e hijo.

A primera vista por una discusión de esta clase es difícil que un ciudadano de nuestro occidente tolerante pierda el sueño (al contrario, podría usarla para entrar en ese estado previo tan delicioso); pero no ha sido así en los siglos anteriores. Concretamente desde el 1054 (siglo XI) la separación fue aumentando con el tiempo hasta llegar a ser irreconciliable.

Escribo “irreconciliable” aunque la Iglesia Católica ha tratado, utilizando todos sus medios de presión, de llevar a estos cismáticos recalcitrantes a su redil. El problema es que los Ortodoxos se consideran a si mismos como los auténticos seguidores del cristianismo primitivo, y es el catolicismo (con sus inventos posteriores como el poder del papado, el purgatorio y otras variaciones del ritual y la teología) los que se han separado de la tradición. La visión mutua es en espejo; siendo el otro el causante del mal presente.

Si consideramos que la Iglesia Ortodoxa, en concreto el Patriarcado de Moscú considera toda la extensión de la antigua URSS como propia (negando el acceso y por supuesto cualquier labor misionera a la Iglesia Católica y a los protestantes), y que el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, es un ferviente ortodoxo (ha llegado hasta meditar en solitario en el Monte Athos) … podemos y debemos considerar que no estamos únicamente frente a una discusión bizantina, sino que las consecuencias son harto interesantes.

El libro narra el proceso de mutuo desentendimiento, y ofrece muy jugosos datos de cómo el papado aprovechó los primeros años de la revolución bolchevique para estrechar vínculos con el nuevo poder ateo. Paradoja que se explica porque en esta primera etapa los bolcheviques dejaron en paz al catolicismo para meterse con todo con la iglesia ortodoxa profundamente ligada al régimen zarista. El Papa ve una ocasión importante para penetrar en terreno vedado hasta el momento y lograr la sumisión de las iglesias orientales gracias a la casi desaparición del adversario. Sólo a partir de 1929, cuando los bolcheviques logran el amansamiento de los restos fragmentados de la iglesia ortodoxa, es cuando éstos se vuelven contra otras opciones minoritarias (hasta el momento útiles para mantener lazos con occidente) y empieza en serio la persecución a los católicos. Esta situación acaba con las esperanzas del papado que en 1930 denuncia la situación en la URSS y en 1937, el 19 de marzo, la encíclica Divini Redemptoris declara al comunismo “intrínsecamente perverso”. No escapará al lector que ya habían pasado casi veinte años de la toma del poder por Lénin y sus acólitos y que en esos años decenas de miles de sacerdotes ortodoxos fueron asesinados así como sus iglesias robadas y convertidas en depósitos rurales o sedes del soviet local. Se podría decir, con cierto humor (del que obviamente carecen los ortodoxos) que “las cosas de palacio van despacio” y que la Iglesia siempre se ha tomado su tiempo para sus denuncias.

Luego de la desaparición de la URSS el papado vuelve a intentar la unión, pero si se tiene en cuenta que desde 1054 uno de los elementos claves de discordia fue justamente la preeminencia del obispo de Roma sobre todos los demás, y que éste principio nunca ha sido abandonado sino al contrario reforzado con la declaración de la infalibilidad del Papa (Concilio Vaticano 1869-1870) este ecumenismo de raíz católica ha sido recibido con gran desagrado en las altas jerarquías eclesiásticas de Moscú. Todo ello a pesar de los actos de contrición de los últimos Papas que ha arrojado bálsamo sobre las heridas aunque los problemas principales en discusión siguen en los mismos términos de hace siglos: “Tras la caída de la URSS, el ortodoxismo es más fuerte y más amargo que nunca. Por el otro, se defiende y complace en una visión de la historia como historia inmóvil, o como eterno retorno; nada cambia, el movimiento no es lineal sino circular; los imperios van y vienen, se ganan, se pierden, se vuelven a ganar, siempre es 1204 y arde Constantinopla [por las tropas católicas de la 4ª Cruzada], y 1453 y es mejor el turbante blanco [de los turcos] que la tiara romana; siempre es 1610 y los polacos malditos instalan a los jesuitas en el Kremlin. El pasado vuelve mañana y el futuro nunca es realmente nuevo. En esas condiciones ¿qué esperar de Roma?” (pág.417)

De que forma la creación de un nuevo estado ruso, mucho más reducido en extensión, merced a la separación e independencia de las repúblicas asociadas, y que empieza a emerger de su brutal crisis económica guiado por la firme mano de su presidente, Putin, ferviente practicante ortodoxo, evolucionará en el futuro no es algo que yo estoy en condiciones de prever. Pero según parece se escuchan muchas voces, ahora en Moscú, que apoyan el fortalecimiento de una renovada, triunfante y siempre eslavófila iglesia Ortodoxa (Moscú es la tercera Roma). Una iglesia que ve con gran disgusto como la independiente Ucrania y Bielorrusia se separan radicalmente de su control (zonas donde existió desde siglos una iglesia católica de rito oriental, opuesta tanto a Moscú como a Roma) y que se considera a si mismo como el alma mater del cristianismo auténtico: “Para esos ortodoxos, Roma es Occidente y si Occidente es MacDonald’s, Roma es MacDonald’s” (pág.415)

La lectura del libro me lleva a considerar que dos clases de lectores pueden aproximarse a a él con gran interés: aquellos que buscan saber más de la historia del cristianismo y cómo se fue ramificando y, por otro lado, los que se preocupan de la evolución de Europa del Este en el nuevo contexto político internacional que surge de la implosión de la URSS. Para los demás el libro resultará soporífero. Así los humanos solemos reaccionar frente a las cosas ajenas que no vemos relacionadas con nuestra vida y angustias. Esta reacción mayoritaria puede ser considerada ingenua o incluso necia, pero resulta muy práctica para sobrevivir en tiempos agitados.

Ficha Bibliográfica:

Meyer(2006), Jean Meyer, “La gran controversia. Las iglesias católica y ortodoxa de los orígenes a nuestros días”, Tusquets Editores, Tiempo de Historia, www.tusquetseditores.com Barcelona, julio de 2006, pp. 481.

+ Libros





para comentar... en el futuro.

martes, 22 de enero de 2008

S.S. Montefiore. Llamadme Stalin

Anthony Beevor, un excelente autor ya comentado en este blog, considera que “Llamadme Stalin” es un “brillante trabajo de investigación”, Robert Service Kerr (también comentado) coincide en la misma valoración: “Un impresionante trabajo de investigación”. Philip Kerr (del cual he comentado su tetralogía Berlin Noir) en el penúltimo suplemento literario del diario El País (Babelia, 14-1-08) en un extenso reportaje sobre su obra también menciona que lo está leyendo con gran placer. ¿Qué puedo agregar de nuevo yo, simple lector, a estas apreciaciones de autores cuya obra en general admiro? Sólo sumarme y contar que leí el libro al igual que uno de literatura, ya que la vida del Stalin joven es verdaderamente novelesca: niño malcriado por su madre y maltratado por su padre (al igual que Hitler, por cierto), inteligente, vivaz y apasionado lector, dotado para la poesía hasta el punto de que su obra, ignorada posteriormente debido a la propia censura de Stalin, fue en su momento aplaudida por importantes intelectuales georgianos “La métrica y la rima de su poema “Mañana” funcionan perfectamente, pero sería su delicada y precoz fusión de imágenes persas, bizantinas y georgianas lo que ganaría el aplauso de la mayoría: “No es de extrañar”, comenta Rayfield, “que el decano de las letras y la política de Georgia, Ilsa Charvchavdze, se mostrara dispuesto a publicar ese poema suyo y por lo menos otros cuatro más”” (pág. 94); criado en un ambiente violento y mafioso en cierta forma muy parecido a Sicilia, mujeriego, líder entre sus iguales desde pequeño, seminarista con notas altas admirado por sus maestros, ladrón de libros primero y de bancos después… ¿no es una historia digna de un héroe romántico?
El hecho de que los dos más grandes dictadores del siglo XX, culpables de la muerte de de unas 80 millones de personas (cálculo aproximado que incluye tanto el exterminio directo de comunidades nacionales, y de opositores, como así también de los que murieron en los trabajos forzados en obras faraónicas o en el mantenimiento de la economía de guerra, así como los muertos derivados de la segunda guerra mundial) hayan sido en su juventud artistas de cierto talento, uno en la pintura y el otro en la poesía, deja cierto saber amargo. Genera inquietud saber que el mal no está asociado con la mediocridad ni mucho menos. Y que las mejores facultades humanas son, en si mismo, apenas herramientas que pueden servir para crear santos o diablos.
Este libro, que además contiene fotos que no conocía, es una espectacular investigación de alguien que se ha tomado el trabajo de visitar los lugares originales y conversar con aquellos que conocieron a Stalin de pequeño, hablar con los lugareños y rescatar trozos de su memoria, rebuscar en archivos secundarios y desconocidos para sacar a luz toda la vida secreta del gran líder soviético. “El presente libro es fruto de casi diez años de investigaciones sobre Stalin en veintitrés ciudades y nueve países distintos, sobre todo en los archivos recientemente abiertos al público de Moscú, Tiflis y Batumi, pero también en los de San Petersburgo, Bakú, Vologda, Siberia, Berlín, Estocolmo, Londres, París, Tampere, Helsinki, Cracovia, Viena y Stanford (California)” (pág. 16) En la historia aparecen también, ¡no podría de otra manera!, sus compañeros de viaje bolcheviques donde destaca con luz propia Lénin.
Muy documentada la estrecha relación de Stalin con Lénin, desde el 25 de diciembre de 1905 en Tammerfors, Finlandia en que lo ve por primera vez en una conferencia bolchevique: “Vulgar como persona, pero excepcional como personalidad, Vladimir Ilich Ulianov, conocido como Lénin, era bajo y rechoncho, prematuramente calvo, con una frente abultada y llamativa, y unos ojos penetrantes y oblicuos. Era un hombre jovial, su risa era contagiosa, pero su vida estaba regida por su fanática entrega a la revolución marxista, a la cual había dedicado su inteligencia, su pragmatismo despiadado y su agresiva voluntad política. De regreso a Tiflis, Stalin dijo a Davrichewy que era la mezcla de fuerza intelectual y de total sentido práctico que se daba en Lénin lo que lo hacía sobresalir “entre todos esos charlatanes”.” (pág. 198), Stalin se convierte poco a poco en el proveedor financiero del partido bajo el control de Lénin. Sus fondos provienen del gangsterismo en el cual destacó como el único dirigente capaz de obtener grandes sumas de dinero resultado del ataque sistemático a Bancos y de la extorsión intensiva a los grandes magnates de las empresas petroleras de Bakú, entre las que se contaban los Rostschild (si no pagaban sus vidas y las de sus familiares eran amenazadas de muerte y se desencadenaron huelgas salvajes y sabotajes en las instalaciones y maquinarias de sus fábricas, a los renuentes a pagar la protección de los pistoleros de “Soso”, como se lo conocía a Stalin en esos momentos).
El éxito en estas exacciones ilegales determinó la mala fama de Stalin en gran parte del partido socialdemócrata, sobre todo en la fracción menchevique, y pesó lo suficiente como para que varias de las entrevistas con Lénin se celebraran en la más absoluta clandestinidad, incluso para altos miembros de los bolcheviques. Stalin estaba asociado a la violencia y la criminalidad, y esto no gustaba a los intelectuales del partido. Posteriormente con Stalin ya acomodado en el poder absoluto y desembarazado de los camaradas que con él hicieron la revolución, toda esa parte oscura de su vida, al igual que la artística, fue borrada de un plumazo. Pero es casi imposible borrar los rastros de una vida pública y aquí tenemos una obra que saca a la luz gran parte de lo ignorado.
Realmente me resulta difícil no ceder a la tentación de transcribir tantas y tan interesantes partes de este fascinante texto. Simón Sebag Montefiore (1965), egresado de Cambridge, visitó lo que fue la antigua URSS durante toda la década de los 90. Ha presentado documentales para la televisión además de escribir sobre Rusia en el Sunday Times, New York Times y Spectator. También ha escrito dos novelas y ha publicado en Crítica, “La corte del zar rojo”, libro que desconozco pero espero no pasar mucho tiempo sin que llegue a mis manos. Leyendo éste uno puede darse cuenta de la gran diferencia que hay entre una biografía que puede ser fruto de la buena voluntad de un escritor, incluso de calidad, pero que no ha dedicado una parte de su vida a la investigación, y la que hoy comento.
Para terminar quiero dar una idea más clara del estilo del autor y de su talento periodístico para hacernos revivir el pasado como si lo nosotros también hubiéramos sido testigos presénciales. El fragmento que cito sucede en pleno octubre de 1917, cuando Lénin que sigue en la clandestinidad, luego del fracasado golpe de julio del mismo año, se presenta en la casa donde, por aquel tiempo, albergaba a Stalin:
“A veces el profeta enfurecido salía de su confinamiento. “Una mañana, poco antes de la Revolución de Octubre”, recuerda Anna Alliluyeva, “sonó el timbre de la puerta. En el umbral vi a un hombre de pequeña estatura vestido con un abrigo negro y gorra finlandesa”.
- ¿Está Stalin en casa? – preguntó cortésmente.
- ¡Por Dios! Tiene usted todo el aspecto de un finlandés, Vladimir Ilich – exclamó Anna al reconocer a Lenin.
“Tras una breve conversación, Stalin y él salieron juntos…”
Unos días después, aquellos dos personajes bajitos y desaliñados que paseaban disfrazados por la calles de Petrogrado sin que nadie los reconociera, se adueñarían del Imperio Ruso. Formarían el primer gobierno marxista del mundo, seguirían al frente del estado, durante el resto de sus vidas, sacrificarían millones de vidas humanas en el despiadado altar de su ideología utópica, y entre los dos dominarían el Imperio durante los próximos treinta y seis años. (pág. 422)
Ficha Biblográfica:
Montefiore(2007), Simon Sebag Montgefiore. “Llamadme Stalin. La historia secreta de un revolucionario”. Editorial Crítica, Colec. Memoria Crítica, www.ed-critica.es, Barcelona, 2008, pp. 573. Traducción Teófilo de Lozoya. Tit.Orig: Young Staling, Weidenfeld & Nicolson, London.

miércoles, 16 de enero de 2008

El Estado del Mundo. 2008

Este libro pertenece a una colección que desde 1980 viene apareciendo regularmente (en España desde 1984). Ofrece un balance del año anterior y resulta muy práctico para situarse o para orientarse sobre los datos básicos de cualquier país al que se desea viajar o estudiar. La edición española sigue fielmente a la original francesa, aunque mantiene la descripción individualizada de los países, cosa que en la francesa se ha cambiado desde hace dos años. Es cuestión de gustos pero no creo que modifique en nada su utilidad, quizá al contrario, para los que estamos acostumbrados a ella se agradece.

Lo interesante de esta clase de libros es la posibilidad de tener un panorama de las relaciones internacionales y del estado de la economía mundial, sociedades y desarrollo y acontecimientos regionales. Los artículos son relativamente breves y están bien escritos (siempre desde una perspectiva “francesa”, cosa que se hace notar en la valoración de los diferentes Estados en la escena internacional). Por ejemplo en la sección “Nuevas relaciones internacionales” tenemos los siguientes títulos: “Las desilusiones de la intervención internacional, ¿Una nueva doctrina diplomática americana?, La reanudación de la peligrosa carrera armamentística, La mundialización de la OTAN y las guerras experimentales, El regionalismo como reto de los nacionalismos, El renacimiento de la diplomacia Sur-Sur, Organizaciones internaciones: diario del año.”.

El capítulo de “Estadísticas Mundiales”, al final, es extenso y abarca 203 países, lo resulta muy útil para comparar niveles de desarrollo. Estas estadísticas están divididas por los siguientes temas: Demografía, Indicadores socioculturales, Ejército, Economía y Comercio Exterior. El libro termina con una guía de direcciones en Internet de organizaciones de todo tipo, incluyendo Estados, que también ayudará en caso de querer profundizar en algún aspecto.

Lo único que objeto, y me parece importante, es la dificultad que tiene toda persona, digamos pasados los cuarenta, para leer una letra tan pequeña que a veces parece escaparse de nuestros ojos. No entiendo porque se mantiene el formato bolsillo, ya que con 665 páginas difícilmente a alguien se le ocurrirá metérselo en uno, y si lo vamos a utilizar, como es previsible, al igual que otros libros de biblioteca no se entiende porque hacerlo tan pequeño. A mi me ha molestado antes, ahora y si sigue así pronto tendré que dejar esta interesante colección de lado. A menos que el editor español despierte y se le ocurra pasarlo a un formato más cómodo.

Ficha bibliográfica:

“El estado del mundo 2008”, Editorial Akal www.akal.com Madrid 2007, pág. 665. Tit. Original: L´état du monde 2008. Editons La Découverte, 2007.

viernes, 11 de enero de 2008

+Libros






Últimos libros que entraron en mi biblioteca en diciembre. Los específicos de ajedrez no suelen ser comentados en este blog sino, cuando cabe, en el respectivo de ajedrez.

miércoles, 9 de enero de 2008

J. Meyer. Rusia y sus imperios (1894-2005)

Jean Meyer es un historiador francés, (Niza, 1942) que reside en México, edita una revista de historia y es miembro de la Academia Mexicana de su disciplina. Su biografía se puede rastrear por Internet donde incluso se pueden leer muchos de los artículos que escribió tanto sobre México como sobre Rusia, de la que es un gran especialista (ver). Mi primer contacto con este autor es este libro que hoy menciono. Libro que me parece excepcional tanto por su contenido como por la amenidad de su lectura. Para quién le interese la historia contemporánea, en particular el siglo XX, y más específicamente la revolución rusa de 1917, la época de Stalin y sus sucesores y la situación actual de este gran y complejo país, este libro no puede faltar en su biblioteca.

Como se da el caso que el tema mencionado lo he trabajado durante años, de manera intermitente eso sí, el libro me ha servido para repasar la historia y también para reencontrar un punto de vista nuevo sobre cuestiones que me parecían terminadas hasta que este inteligente autor me trae nuevos datos y enriquece bastante mi opinión anterior. Por ejemplo, la importante contribución del gobierno alemán a la financiación de los bolcheviques antes del golpe de estado de octubre de 1917. Que no son cosas desconocidas pero que resultan más atractivas cuando empezamos a tener una idea de la cuantía de este aporte: “Los documentos encontrados en 1945 en los archivos alemanes confirman que Alemania ayudó a Lénin a regresar a Rusia y que su dinero permitió al Partido Bolchevique publicar, en abril de 1917, 17 diarios con una tirada de 320.000 ejemplares.” (pág.102).

Toda la época de la formación de la ex URSS está estudiada con sagacidad con detalles que incluso interesarán al estudioso. Stalin, Trotski, Jrushov, Breznev son mostrados como parte activa de la historia a la vez que imprimen en ella sus características personales. Sobre el período Breznev, el autor descubre muestra datos muy significativos que indican la prematura decadencia de la URSS cuando paradójicamente parecía en la cúspide de su poder mundial: “El ritmo de las inversiones iba bajando desde 1970, lo cual amenazaba el crecimiento futuro. Hasta 1985, la tasa anual de crecimiento no dejó de caer, pero los historiadores de la economía calculan que el año de 1976 fue la culminación, el momento en el que ocurrió la fractura en el corazón industrial de la economía soviética. Entre 1970 y 1985, la tasa de crecimiento industrial pasó del 8,4 al 3,5 por ciento anual; en la agricultura bajó del 4,3 al 1,4 por ciento; las inversiones, del 7,5 al 1,8 por ciento y la productividad del 6,3 al 2,9 por ciento. Este descenso generalizado corrió en forma paralela a la evolución demográfica: a partir de 1974 la URSS dejó de publicar las cifras sobre mortalidad infantil y esperanza de vida.” (pág. 416).

Este declive, invisible en su momento para las potencias extranjeras, se fue acentuando sin provocar ninguna clase de crisis política. La URSS era un sistema monolítico que había erradicado con gran eficacia toda clase de oposición o fiscalización del sistema. Por lo tanto todos los mecanismos de alerta estaban desconectados. La muerte de Breznev (que ya llevaba años vegetando sin enterarse de nada, pero que era mantenido como mascaron de proa) desencadenó un proceso de sustituciones harto conocidas que terminaron en poco tiempo con el ascenso de Gorbachov. Éste si sabía, al igual que una reducida elite gobernante, el estado aproximado de su país, pero al ser un comunista convencido intentó reinventar el sistema desde dentro. Y de ahí, como escribe Meyer, se dio “la huída imperial hacia delante” (pág. 417), hasta terminar con el ocaso final que algunos autores literarios e investigadores políticos si habían anticipado (Solzhenitsyn, Leonid Vladimirov (1968) I.F.Stone (1972) Daniel P. Moynihan (1984), R. Pipes (1984), M. Malia (1989) ver en el texto la lista. Pág. 454) pero que no fueron creídos en su momento, por lo que el fin de la URSS produjo un shock total en todo el ambiente académico, político y de los servicios secretos en el momento que sucedió: “Cuando Gorbachov y su grupo intentaron salvar al enfermo de muerte, descubrieron que el régimen descansaba sobre la nada, que la sociedad estaba totalmente desestructurada y vivía en estado de anomia. Ahí está la causa fundamental de su fracaso: ¿cuántos se movilizaron en agosto de 1991 a fin de parar la intentona golpista de los últimos comunistas? Una decena de miles en Moscú y Piter… Nada que ver con las movilizaciones masivas, de cientos de miles, de millones, en 1905 y marzo de 1917. El régimen cayó solo, no fue derribado por un inmenso movimiento popular contra la tiranía.” (pág. 457)

La edición original de este libro es mexicana y hace diez años que se publicó. Ahora tenemos una nueva edición española con el agregado de una última sección que abarca los años 1991 hasta el 2005. Es decir los años de Yeltsin y Putin. Este agregado completa al libro, pero no se crea que es un simple añadido para actualizarlo. Desde la página 469 hasta la 579 tenemos un fascinante estudio de la Rusia actual que, al igual que los capítulos anteriores, puede contribuir a deshacer algunas ideas erróneas sobre el estado actual del pueblo ruso y que son fruto inevitable de la perspectiva unilateral sostenida por los medios de comunicación que están a nuestro alcance. No resisto la tentación de transcribir la “Advertencia” con que el autor inicia este último tramo de su historia: “Para los años 1991-2005, además de toda la literatura académica, utilizo mis cuadernos de bitácora, en los cuales apunté, cada día, lo que pasaba en Rusia y en todas las repúblicas de la antigua Unión; empleo también la lectura obsesiva de la prensa rusa e internacional, y, más recientemente, el seguimiento de los sitios rusos en Internet, que son mucho más independientes que la prensa (con unas pocas, valientes y muy estimables excepciones), Ahora, cuando escribo, catorce años después de la desintegración de la URSS, entiendo un poco mejor la historia soviética que cuando escribía en 1996, antes y después de la reelección de Yeltsin. La entiendo mejor porque sólo cuando ha terminado un capítulo de la historia podemos captar su sentido, o mejor dicho, una buena parte de su sentido, pero no todo, no enseguida…” (pág. 469)

Como se ve se puede estar informado, pero se necesita de una base cultural e histórica y del dominio del idioma propio del país para poder acceder a los recursos adecuados. Algo que ni el ciudadano común ni el periodista o el político occidental consideran relevante. Además está el necesario distanciamiento temporal para juzgar con acierto. Se necesita algún tiempo para evaluar lo que ha pasado, ya que en el momento que sucede todas las probabilidades están abiertas, en estado fluido por decirlo así. En el devenir del tiempo unas se cierran, otras se bloquean y algunas se desarrollan con consecuencias inesperadas. Así sucede con cada nuevo hecho y por supuesto con cada acto colectivo que forma aquello que solemos llamar “Historia”.

Termino resumiendo que ha sido un verdadero placer leer a este autor y que, al observar sus otros libros editados en nuestra lengua, pienso reencontrármelo aunque ello implique tratar con temas que hasta ahora no me han atraído. Gente así es capaz de convertir algo árido y lejano en un tema atractivo pleno de nuevos intereses atrayentes.

Ficha Bibliográfica:

Meyer(2007), Jean Meyer, “Rusia y sus imperios (1894-2005). Tusquets Editores. Colección Tiempo de Memoria, www.tusqueteditores.com, pág. 597

viernes, 4 de enero de 2008

Comentarios

A veces he recibido comentarios a mis comentarios de libros por mail o verbalmente. Algunos de ellos me han hecho reparar en cuestiones que había pasado por alto. El problema era que no tenía ganas de rehacer mi artículo, así que lo iba dejando. Sin embargo tenía en mi mano un excelente recurso para reparar o completar lo que había escrito, y justamente son los “comentarios” al final de la entrada, donde cualquiera, incluso yo, puede escribir lo que le apetezca. Está demás decir que estas opiniones son siempre bien recibidas, no importa que sean elogios o críticas. El filtro que Google me permite a éstos lo uso únicamente para eliminar aquellos que nada tienen que ver con la entrada en cuestión. Pues bien, me dije, ¿por qué no usar esta posibilidad para agregar algo más a mis artículos? Ello me permite ampliar opiniones, deshacer entuertos perpetrados sin intención, e incluso desdecirme de algo que escribí en un momento y luego, pasado el tiempo, cambié su valoración.

Mis opiniones nunca son definitivas; soy infiel, conscientemente, a lo que estimo, ya que si aparece nueva información fiable, estoy dispuesto a cambiar de bando. Como reza el dicho, soy amigo de Platón, pero más de la verdad. Obviamente no se donde está esa verdad, pero una cosa es intentar acercarse a ella y otra, para mi muy diferente, es defender las propias ideas aunque los hechos las nieguen. No estoy dispuesto a hacerlo, y por ello viene bien que me otorgue, a mi mismo, la libertad de desdecirme en un lugar próximo al juicio plasmado.

Ruego entonces, a mis admirados y desconocidos lectores, que no se olviden de revisar los “comentarios” a cualquier artículo leído.

jueves, 3 de enero de 2008

T.Harford. El economista camuflado

Comentar un libro de economía… no es cosa fácil. Primero hay que entenderlo, y esto supone una buena base de conocimientos; y si se trata de un libro divulgativo que trata de explicar los fenómenos económicos más comunes (y otros más complejos) a los no iniciados, la dificultad aparece en aceptar razonamientos y conclusiones que si bien parecen muy sensatos, puede ser que oculten presupuestos ideológicos que los deforman a priori.

Además los economistas tratan de cosas muy “sensibles”: se refieren a políticas y decisiones que afectan al bolsillo y con él a la calidad de vida que justamente aspiramos; así que, resumiendo, toda prevención es poca, a la hora de analizar un libro de esta materia.

Por curiosidad, luego de leído el libro, me dediqué a husmear en la Red comentarios sobre él, y como era de esperar encontré opiniones muy dispares (ver http://www.testigoaccidental.com/2007/05/lectura-el-economista-camuflado-de-tim.html, un blog francamente crítico, o en http://blogs.periodistadigital.com/libros.php/2007/02/14/el_economista_camufladoa_de_tim_harford, una opinión mucho más descriptiva y menos comprometida, o el http://www.bmpsa.com/esp/index.php?s=38&c=4&c2=361, donde se cuenta quién es el autor, o en http://www.elblogsalmon.com/2007/11/17-tim-harford-esta-de-moda, donde uno puede enterarse, si no lo sabía ya, que hasta el presidente Zapatero lo leyó.

Por otro lado con sólo mirar la fecha de edición y las siguientes reimpresiones (en el libro que tengo van por la novena) es evidente, sin leer los diarios ni buscar en Internet, que el libro ha sido un éxito de ventas; y por si fuera poco y para que no nos quede ninguna duda la editorial se ha encargado de escribir en la portada “Bestseller mundial…”. Reconozco que por esta leyenda estuve a punto de no adquirirlo. Si es un bestseller debe ser idiota, pensé; pero atraído por el tema vencí mis prejuicios.

Que sea muy vendido se explica, en parte, porque Tim Harford escribe bien, un estilo periodístico claro y contundente, con ejemplos sencillos que todo el mundo puede comprender (incluído nuestro presidente, que no debe tener mucho tiempo libre) luego de unos minutos de reflexión. También el que trate temas cotidianos (por qué pagamos más por un café en ciertos lugares, o como los supermercados nos hacen comprar cosas sin necesidad) es un aliciente añadido. Por otro lado creo que a todos nos preocupa la economía y cuando encontramos un libro que parece ser sencillo y que puede abrirnos las puertas a esta ciencia esotérica es muy probable que no sea un fiasco editorial.

Si Ud. se encuentra entre aquellos que, como yo, les gustaría saber más de economía, entonces este libro no le defraudará. Por supuesto que tiene temas más accesibles y otros más “duros”, que requerirán tomarse un café para descansar antes de emprender una nueva relectura, pero con un poco de esfuerzo es posible entender el 95% de las cuestiones que trata. El 5% restante podemos dejarlo para otras aventuras lectoras.

En mi caso lo que más me atrajo es su explicación de por qué algunos países son pobres, y lo son cada vez más, a pesar de toda la ayuda internacional que reciben. El autor analiza el caso de Camerún, un país en descenso, y lo compara con otros, en particular China, que del desastre del salto adelante maoísta ha resurgido en los últimos años hasta colocarse en un lugar inimaginable en los 80.

A veces los autores nos parecen muy inteligentes y no paramos en darnos cuenta que esa sensación proviene de que sus argumentos convalidan nuestros juicios y prejuicios. Es posible que Harford sea un ejemplo de ello… para mí. Yo coincido con él en su análisis de la pobreza y en la poca efectividad que tiene la ayuda internacional. También pienso que sus argumentos son realistas, aunque no nos gusten por parecernos algo “cínicos” o poco morales. Una cosa es entender lo que sucede y otra, muy distinta, es creer que estamos en el mejor de los mundos. El problema está en que intentar soluciones antes de conocer la estructura de los problemas puede ser nefasto o en el mejor de los casos inocuo. No se fortalece la industria nacional subiendo los aranceles aduaneros simplemente, como tampoco se logra que se respeten los derechos humanos en los Estados con una política de aislamiento tan en boga. Sobre esto hay dos párrafos en el libro muy reveladores: “Las cifras lo demuestran con exactitud. En 1999, Estados Unidos tenía unos aranceles promedio del 2,8 por ciento. En la Unión Europea, los aranceles promedio eran del 2,7 por ciento. En Corea, el “tigre emergente”, del 5,9 por ciento. En Argentina, supuestamente modelo de reforma económica, era del 10,7 por ciento. En las economías gigantes de China e Indica, del 15,7 y 29,5 por ciento, respectivamente. Sabemos ya que la pobreza y la corrupción del pequeño y mísero Camerún no están siendo aliviadas por la aplicación de asombrosos aranceles, que promedian el 61,4 por ciento.

Parece que aunque pudiéramos presionar a nuestros políticos para que hiciesen lo correcto para todos, reduciendo los aranceles, la responsabilidad recae de igual manera sobre los Gobiernos de estos países pobres. ¿Por qué mantienen los aranceles, que perjudican a sus ciudadanos? Tal vez porque el aislamiento internacional favorece la estabilidad política. El líder político con más años en el poder en todo el mundo es Fidel Castro, seguramente presidente vitalicio como resultado de las sanciones de los Estados Unidos, que han producido un resultado contrario al deseado. El régimen de Saddam Husein parecía más fuerte que nunca tras una década de sanciones: fue una fuerza exterior y no un cambio interno la que lo expulsó del poder. Myanmar y Corea del Norte son parias internaciones con Gobiernos demasiado estables.” (pág.269)

Por supuesto que los argumentos de unos economistas pueden ser contradichos por otros similares de signo opuesto. La economía no es una ciencia dura y está muy lejos de parecerse a la biología o a la astronomía, por lo tanto tendremos donde elegir… para seleccionar aquellas flores que más nos agraden. Sin embargo hay, también, hechos. Y estos son lo que son, sobre todo cuando duran mucho. Hace décadas que existen organismos internacionales y regionales creados con el objetivo de ayudar a salir a los países pobres de su situación, y los resultados no son para cantar loas. Hace décadas que existen ONGs con fines altruistas, y el único resultado visible es cada vez hay más… ONGs. Lo cual hasta podría parecer una nueva industria de los países desarrollados, si no fuera una visión demasiado cínica de la ayuda internacional.

En mi modesta opinión el que no quiere ver, no verá. Y así arrastramos problemas que crecen cada vez más, en vez de remitir (estoy pensando por ejemplo en el caso de las drogas y las inmensas masas de dinero negro que produce este comercio prohibido). Pero el que busca encuentra; no serán soluciones pero sí datos y razonamientos que pueden auxiliar a entender algo de lo que sucede. Menos da una piedra…

Ficha bibliográfica:

Harford(2006), Tim Harford, “El economista camuflado. La economía de las pequeñas cosas”, Temas de Hoy, www.temasdehoy.es Madrid, 2007, novena impresión, julio 2007, pág. 344. Tit.Orig: The Undercover Economist, Oxford University Press, Inc, 2006.

miércoles, 2 de enero de 2008

M.Senges. Second life

La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) www.editorialuoc.com tiene diversos libros publicados en catalán y español. Éste, escrito por un investigador de la citada institución, Max Senges, se encuentra en español. Como su nombre indica se refiere al famoso mundo virtual “Second Life” donde sus usuarios pueden adoptar diferentes identidades (llamadas “avatares”), y hacer múltiples cosas, que van desde comprarles ropa hasta construir edificios y realizar transacciones comerciales. Un mundo virtual que está en constante crecimiento y que en abril del 2007 contaba con 5,8 millones de cuentas registradas (téngase en cuenta que un usuario puede tener más de una).

“Todo lo que hay en SL, lo han construido sus residentes: casas, calles, cafés, bares, paisajes, herramientas, juegos, etc. SL ofrece muchos recursos para construir cosas dentro del juego (esto es, cuando tu avatar se mueve por SL) y programar los guiones de interacción, por ejemplo para conducir coches o helicópteros, jugar a cartas o tocar instrumentos musicales.

Los residentes poseen lo que han creado ellos mismos en SL. Es posible dar o vender las creaciones a cambio de capital virtual, Linden Dollars (L$), que se pueden canjear una y otra vez por dólares reales. De hecho, hay usuarios que se ganan la vida construyendo objetos en SL y comerciando con patrimonio real o, por ejemplo, con ropa” (pág. 18)

Dado que cada avatar hay que vestirlo el usuario puede utilizar la ropa ya existente desde el principio de su participación o comprarle algún modelito exclusivo que algún avatar de SL haya diseñado y puesto a la venta. Tal como suponemos, SL recrea el mundo real aunque introduce aspectos propios (el que todos los avatares pueden volar) que están definidos en sus reglas básicas.

Como a este servidor le atrae el futuro y el arte de avizorar lo que se nos viene encima (al igual que analizar el pasado donde están las semillas de lo que ahora vemos) no podía menos que atraerme un librito como éste, muy modesto en tamaño (y precio) que se puede llevarlo en el bolsillo y hojearlo cuando, por ejemplo, se viaja en metro (en vez de estos horribles diarios gratuitos que parece que terminarán sustituyendo a los diarios de verdad).

El texto no es ninguna maravilla y sólo describe como funcionan estos mundos virtuales y en particular el, hasta ahora, más conocido. Explica como suscribirse creando una cuenta y que es lo que uno se va a encontrar una vez que se ha abierto la puerta de este curioso juego.

Como libro introductorio me parece adecuado; además nos facilita saber de que va a aquellos que como yo no tenemos ni tiempo ni ganas para ponernos a crear “avatares” que discurran por esos mundos informáticos. En particular me parece que el ajedrez aporta más a nuestra mente que tales juegos, pero hay de todo en la viña del Señor y no seré yo quien ponga puertas al cielo.

Además es evidente que en pocos años tendremos varios SL donde elegir y probablemente situados en diferentes mundos virtuales. Llevado por la imaginación no me parece improbable que se pueda crear avatares en el antiguo Egipto o la Roma Imperial, o en otras épocas históricas u otros mundos de ciencia ficción. Diversión asegurada para los imaginativos y ¿por qué no? nuevas posibilidades de aprender sobre mundos simulados que recreen aspectos significativos de la realidad.

Me agradaría, por ejemplo, que se recreara en un mundo virtual la actual situación de muchos países que apenas sobreviven y que se parecen a proyectos mal configurados y condenados al fracaso. Quizá se pueda experimentar, gracias a estas complejas simulaciones, que clase de ayuda se les puede brindar para que, pese a la corrupción y el bandidaje crónico propio de estas zonas, pueda resultar provechosa y no se quede en las manos de los menos necesitados.

En fin, me contengo en mis predicciones porque todo llegará y según parece eso sucederá antes de lo esperado. Mientras tanto la lectura de esta mini introducción puede servir al lector inclinado a reflexiones prospectivas. De todos modos el libro no es teórico, sino práctico. Está encaminado a mostrar los primeros pasos de un usuario y a indicarle las dificultades iniciales con las que se encontrará. También puede ayudar al interesado la pequeña bibliografía del final con algunos webs claves para visitar.

Ficha bibliográfica:

Senges(2007), Max Senges, “Second life”, Editorial UOC, www.editorialuoc.com Barcelona, julio 2007, pág. 113, tamaño bolsillo. Nota: he mirado el web de la editorial y curiosamente no encontré este libro que comento, comprado en librería, en todo caso se puede consultar en la propia web como adquirirlo.