viernes, 6 de julio de 2007

J.L.Teodoro Peris. Vida i mort de la llengua llatina

Un libro que hoy me gustaría comentar es poco habitual en este blog, tanto por su temática como por su lengua. El tema es el uso del latín en el siglo dieciocho y la polémica que se suscitó en Europa a raíz de un artículo publicado en 1767 por el coautor de l’Encyclopédie francesa, Jean le Rond D’Alambert en el cual el autor si bien aceptaba que el latín fuera el idioma de comunicación científica entre los estudiosos europeos, de lenguas diversas, consideraba que no era un idioma, en su estado presente, adecuado para lo creación artística. Esta posición en realidad tenía mucho calado ya que apuntaba directamente a la valorización de las lenguas nacionales, en detrimento del latín, y fortalecía el nacionalismo creciente que desde finales del siglo XVIII fue la característica de los Estados europeos. La posición de D’Alambert fue rechazada con disgusto por los sectores más tradicionalistas localizados fundamentalmente en las universidades; y aquí aparece el nombre de Mateu Aimeric, de la Universidad de Cervera que escribió un libro muy bien fundado donde se rechaza de plano el argumento del francés, defendiendo la tesis de que el latín es perfectamente válido para todos los usos, no sólo los científicos sino también los literarios.

Antes que nada, y sobre todo para los lectores no españoles, debo reseñar brevemente cual era el papel de la Universidad de Cervera en esa época. Cervera es una ciudad de la provincia de Lérida, dentro de Cataluña, de origen muy antiguo ya que si bien su existencia está documentada desde el año 1026 el lugar está poblado desde, se calcula, el siglo VI antes de Cristo. La Universidad citada fue muy importante en el siglo XVIII. Construida por Felipe V se mantuvo, durante los años 1740 a 1842, como la única universidad que funcionó en Cataluña, y en ella estudiaron personajes claves en la vida del país como Narcís Monturiol, Joan Prim, Jaume Balmes y Milà i Fontanals. En el siglo XVIII esta universidad era dirigida por los jesuitas y el profesor Mateu Aimeric, participaba como destacado miembro del claustro. Más tarde, cuando la expulsión de la Compañía de Jesús del Reino de España se hizo realidad por Carlos III (el 31 de marzo de 1767), Aymeric se trasladó, junto con muchos miembros de la orden a Italia, país en el que publicó su libro defendiendo la importancia del uso del Latín (Quinti Moderati Censorini de vita et morte Latinae linguae paradoxa philologica - Paradojas sobre la vida y la muerte de la lengua latina-. Ferrara, 1780).

La Universidad de Valencia es la responsable del texto que hoy cito debido a la pluma de José Lluis Teodoro Peris, Dr. En Filosofía Clásica, quién describe la vida de Aimeric comentando detalladamente su libro. Además, en esta edición, se incluye una versión catalana del texto original del profesor de Cervera.

Los argumentos de Mateu Aimeric me interesan ya que dan cuenta de un estado de vitalidad en el uso de la lengua latina que no se corresponde con la creencia actual sobre su papel en la historia de Europa contemporánea. En realidad esta lengua ha sido usada ininterrumpidamente en nuestro continente desde la época de los romanos, si bien, a partir del siglo IX, aproximadamente, dejó de ser un idioma de uso generalizado para convertirse en la lengua de cultura donde personas de cualquier parte de Europa podían comunicarse venciendo las barreras idiomáticas que poco a poco se habían alzado como consecuencia del desmembramiento del Imperio Romano. Su papel era el típico de una lengua común restringida al uso del estamento intelectual y religioso europeo.

Se podría decir, y hay abundantes señales de ello, que sólo a partir del siglo XIX, en un proceso gradual e imparable el latín desaparece de las universidades y centros científicos europeos. Por lo tanto es un proceso propio de nuestra época post Revolución Francesa y responde básicamente a razones políticas referidas al desarrollo y consolidación de los estados nacionales.

Queda por ver, como piensan algunos, si la progresiva dilución de los Estados en unidades mayores, como la Unión Europea, no llevará necesariamente a un resurgimiento de la lengua común. Esto es un tema problemático, debido a que, como se sabe, la naturaleza odia el vacío y la función de lengua puente ha pasado al inglés; pero, sin ánimo de confundir, podría suceder que circunstancias imprevistas hicieran resurgir soluciones que ahora parecen improbables. En todo caso, sin hacer prospectiva, es evidente que el latín ocupa un ancho espacio en la evolución de nuestra civilización y este hecho no debería caer en el olvido.

Una reflexión más. El libro de J.L.T.Peris está escrito en catalán. Es probable que ello sea un obstáculo para lectores de otros países fuera de España, incluso para lectores españoles también, no obstante si el tema nos interesa y dada la falta de materiales que hay sobre este tema, considero que podría ser una fuente de información para tener en cuenta. Por otra parte, el conocimiento de idiomas es siempre deseable. Cada idioma representa una llave que abre una puerta; cuantas más llaves tengamos, más puertas podremos abrir. Por lo tanto el equilibrio entre esfuerzo y resultado dependerá del deseo de cada uno por conocer más y mejor el mundo que está a nuestro alcance.

Ficha Bibliográfica:

Peris(2004), Josep Lluís Teodoro Peris, “Vida i mort de la llengua llatina. Una polèmica lingüística al segle XVIII”, PUV, Universitat de València, 2004. pág. 336.