sábado, 10 de abril de 2010

J.L. Ibáñez. Nadie debería matar en otoño.

Hacer un comentario a un libro aparecido en el 2007 proporciona información no sólo sobre la novela sino también sobre el comentarista. No se me escapa que no "estoy a la última". Pero para enterarse de las innumerables novedades que nos ofrece la industria editorial hay muchos blogs en la Red, así que, liberado de las prisas, puedo decir como aquel famoso dirigente chino que "aún es demasiado pronto para evaluar las consecuencias de la Revolución Francesa".
"Nadie debería matar en otoño" me llamó la atención por su doble carácter de novela policíaca (sigo empecinado en utilizar la antigua denominación para un género que cada vez es más heterogéneo) y de novela histórica: sucede en agosto de 1936, en la Barcelona anarquista en plena ebullición, luego del casi fracasado golpe militar que, gracias a la ayuda de Alemania e Italia fascistas y del innoble "Comité de no intervención" de las potencias democráticas, logró triunfar tres años después.
Por las páginas de la novela desfilan personajes como Juan García Oliver, el más importante dirigente anarquista de la España de entonces y otros dirigentes y militantes de la misma cuerda política. El argumento, un detective contratado por el mismísimo García Oliver, para averiguar sobre el asesinato de tres patrulleros anarquistas (torturados antes de ser rematados con un tiro en la nuca) es, una vez explicado, bastante verosímil, y da pié a una historia que resulta atractiva por su dinamismo y variedad de personajes.
La forma de escribir de Ibáñez no tiene nada que envidiar, sin ir más lejos, a las de Philip Kerr (ya mencionadas en este blog), con las que observo un parentesco muy cercano. Además José Luis Ibáñez cuenta con la ventaja de escribir sobre su ciudad (aunque nació en Rubí, 1961, localidad cercana a Barcelona) sin aventurarse en parajes extraños, como hace Kerr trasladándose al Buenos Aires del General Perón con muy poca fortuna (para aquellos que conocen la capital porteña la narración de Kerr resulta bastante cutre; como aquellas películas de Hollywood que describen el Sur de América como si se tratase de un paraje tropical).
En síntesis: como novela policial del montón... está bien hecha y nadie se aburrirá con ella.
Sin embargo dejo aquí constancia de mi pesar por qué el autor no haya incidido más en las circunstancias existenciales y políticas de sus personajes. La descripción de García Oliver es bastante esquemática, aunque en términos generales correcta. No así la de otro personaje clave: el dirigente anarquista Eduardo Barriobero y Herrán, que en agosto de 1936 presidía el Tribunal Popular de Cataluña. Este hombre, ejecutado a garrote vil el 25 de abril de 1939 por los franquistas, fue un escritor y orador impresionante, fílosofo, pedagogo; amante de la música y de los libros, escribió mucho y variado. Hombre "alegre, castizo, fino y elegante" (como se lo describe Miguel Iñiguez en la Enciclopedia histórica del Anarquismo Español) no cuadra mucho con el personaje de la novela. Evidentemente Ibáñez no está obligado por la historia, sino por su imaginación de escritor, de todos modos, al usar referentes reales... un poco más de realismo no hubiera venido nada mal.
De la misma manera las circunstancias históricas tan especiales que vivió Barcelona en esos meses donde ocurrió la primera revolución auténticamente anarquista mundial, tampoco está descripta con la importancia que requiere. Lo que sucedió en Cataluña, y en particular en su capital, fue un episodio de mayor envergadura que la Comuna de París de 1871, y su importancia histórica aún está por dilucidar más allá de las banderías políticas que aún oscurecen hechos tan recientes. No fué un episodio menor de una guerra fraticida marginal para la historia de Europa. Los españoles no tenemos la inteligencia francesa para publicitar y dar rango mundial a cualquier algarada de París, pero con el tiempo, cuando el polvo se deposita, los hechos buscan por si mismos la importancia que merecen
¿Prisa por publicar? me pregunto. Es posible. Con un año, o dos,  más de investigación podría el autor haber pulido su novela dándole el valor apropiado a su decisión de instalar la trama en tales circunstancias.. En este sentido lamento la oportunidad perdida ya que la trama, bien hilvanada por cierto, conjuntada a una descripción más amplia de las circunstancias y viviencias de los habitantes de Barcelona, lugar dónde todos los ideales revolucionarios del siglo XX habían encontrado su centro, habría dado por resultado una obra de mayor peso e interés para toda clase de personas.
De todos modos reincidiré cuando mi librero me traiga la segunda que ha escrito, situada un poco después, en la Barcelona de 1937. Hasta ese momento el balance, aunque con las reservas expuestas que quizá excedan con mucho los propios intereses de Ibáñez, sigue siendo favorable.
José Luis Ibáñez. "Nadie debería Matar en otoño". Espasa Calpe. Madrid, 2007. pp. 362.