miércoles, 24 de octubre de 2007

D.S.Zumbro. La Batalla del Ruhr

Este libro, recién leído, me ha impresionado. Quizá porque esperaba “uno más” que describía con detalle las operaciones de los ejércitos aliados en el frente occidental durante la segunda guerra mundial; pero en realidad es un documento estremecedor de todo lo que aconteció en este frente, centrándonos en la perspectiva alemana. Un libro detallado y minucioso, donde se recoge los testimonios de decenas de soldados, de alta y baja graduación, que lucharon en la fase de una guerra donde la inutilidad de ésta era evidente hasta para los más lerdos. También de los civiles alemanes que se vieron la mayor parte de las veces entre dos fuegos, el amigo y el enemigo. Hombres y niños obligados a luchar con armas de la primera guerra mundial, sin apenas munición, contra las tropas de la mayor potencia del mundo, y que siempre que podían se rendían, aunque tuvieran por detrás la amenaza de ser colgados o de recibir un tiro en la nuca por traidores al Furher: “El domingo 26 de marzo”, téngase en cuenta que estamos en 1945 y que faltan escasamente un mes y días para el fin de la guerra, “los habitantes de Bocholt recibieron el comunicado oficial de que todos los varones de entre dieciséis y veinte años debían presentarse ante el batallón Volkssturm de la ciudad. El incumplimiento de la orden comportaría la ejecución.” (Pág.211).

Así el autor, al que hay que alabar por su gran esfuerzo de documentación y objetividad en el trato de unos y otros, va desgranando todas las operaciones que determinaron la bolsa del Ruhr, donde el Mariscal de Campo Walter Model, junto a 26 generales y un almirante, más 325.000 soldados son primero rodeados y luego paulatinamente reducidos hasta su rendición total.

Pero el libro, insisto, no es una crónica de operaciones bélicas como otros textos ahora en boga. Busca la visión “de abajo”, para dar un panorama al lector actual de lo que aconteció en aquellos lejanos años. Así vamos percibiendo, lentamente, una gran obra coral construida con elementos universales, que no quedan restringidos a una nacionalidad, de sufrimiento, fanatismo, ingenuidad, propaganda, lealtad, azar, crimen, piedad y sobre todo una gran dosis de intenso y constante sufrimiento humano que visto en perspectiva resulta tan inexplicable en el siglo XX como inquietante, en tanto nos muestra la fragilidad de los valores que aceptamos como estables y duraderos.

Uno puede preguntarse como reaccionaríamos de vernos en tales situaciones (téngase en cuenta que la totalidad de la población alemana vivía bajo los efectos de una propaganda totalitaria, sistemática y sin fisuras, y que por lo tanto partía del supuesto que luchaba contra una invasión no provocada cuyo objetivo final no era otro que la desaparición de la Nación Alemana del concierto de países adelantados) y también asombrarnos de lo poco que sabemos de estos hechos. Como si todo hubiese sucedido en tan poco tiempo que sólo unos pocos desgraciados sufrieron la liberación de las fuerzas aliadas.

Gracias a la labor de hormiga de autores como el hoy comentado nuestra perspectiva de los últimos estertores de la segunda gran guerra se enriquece y matiza; algo que si bien no modificará el curso del mundo, no por eso deja de tener su pequeña importancia. Al fin de cuentas el conocimiento colectivo se forma a partir de lo que cada uno sabe sobre cualquier cosa significativa.

“Fue apenas cinco minutos antes de que las primeras bombas empezaran a caer sobre la zona del puerto, en la orilla derecha, cerca del puente sur. Las bombas que impactaban el Rin provocaban ondas expansivas bajo la superficie, así que tenías la sensación de zozobrar como un barco en el mar. Nos echamos al suelo y creímos que había llegado el final. Las lluvias de bombas caían una y otra vez. Notábamos los impactos que sufría nuestro búnker”. Y prosigue, luego de este testimonio, el autor con su relato: “Quienes se ocultaban el refugio de Ditges intentaron abandonar la estructura gravemente dañada cuando el silencio indicó el final del ataque, pero la onda expansiva de las bombas había arrastrado enormes vigas de acero y pesadas piezas de hierro hasta la entrada del búnker, lo cual imposibilitaba la salida sin ayuda del exterior. Un pequeño destacamento antiaéreo se encontraba cerca del refugio, y los soldados, cuya misión era proteger el puente sur, sabían que allí había gente. Se abrieron paso entre las vigas de hierro con sopletes y liberaron a los habitantes atrapados varias horas más tarde. Al salir, la gente contempló por primera vez la destrucción total: la zona no era más que un campo de cráteres. El búnker había resistido sólo gracias a los últimos centímetros de cemento reforzado.” (Pág.74)

Zumbro, que fue oficial de la Naval Special Warfare, describe también el avance, lento, prudente, de las fuerzas norteamericanas e inglesas, y su política de ahorrar muertes propias descargando sobre los pueblos que ofrecían alguna clase de resistencia todo el poder del arma aérea; no trata de embellecer el avance aliado, destacando los episodios heroicos (que por supuesto también los hubo) en cambio cuenta descarnadamente lo que su investigación le mostró : “Los estadounidenses encontraron escasa resistencia en las zonas meridional y sudoccidental de Geseke. Cuando entraba en la ciudad por la carretera de Büren, un carro de combate estadounidense fue recibido por un obús antiblindaje de gran velocidad disparado por un cañón oculto. El Sherman se incendió y varios miembros de su tripulación murieron. Todos los soldados alemanes que se ocupaban del cañón antiaéreo, es decir, cuatro adolescentes recientemente conscriptos e integrados en el Batallón Antiaéreo Móvil, fueron abatidos en represalia por los soldados estadounidenses enfurecidos. Un oficial alemán que trató de escapar hacia Bönninghausen murió, al igual que un soldado austriaco de la Luftwaffe quiso avisar a la dotación de otro cañón antiaéreo de 88 Mm. apostado en la carreta de Tudorf de que se acercaba una columna estadounidense. “(351)

El efecto paulatino, que provoca la lectura de este libro, es similar a una visión global donde se presenta un gran collage de esa triste época. Curiosamente me ha recordado un libro leído hace muchos años, de Mihail Shólojov, (1905-1984). En particular me refiero a “Lucharon por su patria”, donde narra las desventuras del pueblo soviético resultado de la invasión alemana. Ignoro si el autor ha tenido las mismas lecturas, pero en todo caso puedo decir que los resultados son similares: la sensación de estar abarcando una multitud de episodios todos en primer plano, pero con un efecto de profundidad y movimiento a la que sólo el cine nos tiene acostumbrados.

Pero si alguien cree que las desventuras sufridas por el pueblo alemán terminaron con la rendición, está muy equivocado. Como suele suceder la posguerra es aún más dura, aunque con contenidos diferentes. Los ocupantes aliados percibían al pueblo alemán como una masa nazi compacta, lo que, si bien contenía elementos de verdad era falso en sus consecuencias; el mismo Eisenhower acusaba una verdadera antipatía por lo germano. Así que se les prohibió a los soldados anglo norteamericanos confraternizar con este pueblo derrotado creando una brecha más grande aún si cabe. Con esta actitud de los altos mandos, más los inevitables abusos de la soldadesca, la situación tardó bastante en llegar a ser razonablemente tranquila para la población. Como escribe Derek Zumbro: “La conducta inicial de los ocupantes difirió enormemente de un lugar a otro. En algunas ciudades pequeñas y pueblos, los habitantes no padecieron saqueos, robos ni daños en sus propiedades personales. Inexplicablemente, algunas poblaciones de esas mismas zonas sufrieron en cambio un elevado grado de actividad delictiva a manos bien de los ocupantes, bien de las bandas de trabajadores forzados extranjeros, que por entonces pasaron a designarse oficialmente con el nombre de “desplazados”. La ciudad de Holzweiler padeció grandes daños por parte de los soldados de infantería estadounidenses en los primeros compases de la ocupación. Primero registraron sistemáticamente todas las casas, edificios comerciales y de otro tipo, en busca de armas, cámaras fotográficas y radios. Todos los habitantes fueron agrupados y detenidos en dos grandes almacenes. Los hombres fueron separados de sus familias y conducidos a establos de los alrededores. Los varones sospechosos de ser soldados fueron separados del resto y transportados a los enormes recintos vallados para prisioneros de guerra emplazados a orillas del Rin. Gracias a la intervención de un clérigo local, las mujeres y los niños fueron liberados y autorizados a regresa a sus hogares. El alivio que sintieron al volver a su casa se trocó rápidamente en frustración: los soldados habían registrado concienzudamente todas las manzanas de edificios mientras sus moradores estaban fuera. Habían desaparecido todos los objetos de valor. Las radios que no habían llevado estaban destrozadas. La ropa de cama, los edredones de plumón, las mantas y todo cuando podían necesitar los soldados habían sido sustraídos.” (Pág. 537)

Probablemente se juzgue esta cita algo larga… pero sinceramente no sabía por dónde cortarla, ya que este párrafo resume perfectamente tanto el azar de la destrucción inmediatamente posterior a la rendición de las zonas “liberadas” de los nazis, como la desgracia de aquellos que aún salvando sus vidas se encontraron con qué no tenían nada o casi nada para empezar de nuevo.

No puedo, aunque lo intento, dar un adecuado resumen de la multiplicidad de hechos que se narran en esta obra: la actividad de los fanáticos nazis, la profesionalidad de los mandos militares (El Mariscal Model, poco antes de suicidarse expresó con estas palabras su pensamiento: “Creo sinceramente haber prestado servicio a un criminal. He dirigido a mis soldados con lealtad… pero para un gobierno criminal” (Pág.531)); el caos que la mano de obra esclava extranjera (los llamados “desplazados”) produjo en las zonas rurales y ciudades destruidas, una vez liberados de su estado y dejados a la buena de dios vagar sin orden ni concierto; los actos de bondad y calidez humana, mezclados con otros de índole más macabra.

Creo que a esta altura de mi comentario no quedará duda que el libro me ha gustado (aunque no cause alegría leerlo ni afiance mi confianza por las soluciones militar incluso cuando son inevitables). Una sola última referencia para los que se animen a leerlo, sin tener interés por los detalles técnicos (de historia militar); en este caso aconsejo leer “en diagonal” las partes descriptivas de movimientos de tropas y hechos estrictamente operacionales, para ir directamente a aquellas donde se narran las situaciones humanas cuyo recuerdo justifican la creación de este texto.

También puedo agregar que las fotos que acompañan esta edición me parecen de muy baja calidad (algo realmente insólito en esta colección de alto nivel), y lo mismo sucede con el escaso material cartográfico incluido. Sólo dos mapas (de los cuales uno es de pequeña dimensión) no son suficientes para seguir las operaciones bélicas. En este sentido da la impresión que la editorial no se preocupó suficientemente de aquellos lectores especializados; conjunto que deben constituir, probablemente, la columna vertebral de la masa de clientes de estos libros, en general muy buenos, pero de precio nada barato. Por otro lado también dejo constancia que el índice alfabético del final es un aporte de la edición nada desdeñable para localizar directamente personajes y sucesos.

Ficha Bibliográfica:

Zumbro(2006), Derek S. Zumbro, “La batalla del Ruhr. La derrota alemana en los frentes del Oeste”, Editorial Crítica, Memoria Crítica, www.ed-critica.es , Barcelona, 2007, pág. 640, Tit.Orig: Batlle for the Ruhr. The German Army’s Final Defeat in the West.