viernes, 14 de mayo de 2010

Biografía de Göbels

A veces, como ahora me sucede, no encuentro tiempo para escribir (ya que si tengo que elegir, prefiero dedicar mi tiempo libre a leer) ¿por qué, entonces, no incluír en este blog aquellos comentarios de otros blogs que me inducen a comprar cierto libro? Ésta fue la pregunta que me hice, y mi respuesta inmediata está aquí. Por ejemplo, tenemos el caso de una biografía de Göbbels que en principio no me llamó la atención... hasta que leí el siguiente comentario: ver

3 comentarios:

Luis dijo...

Dice Ud, estimado caballero:

"A veces, como ahora me sucede, no encuentro tiempo para escribir (ya que si tengo que elegir, prefiero dedicar mi tiempo libre a leer)"

1.- ¿Podría Ud responderme cuál (o cuáles) es la razón (o razones) de esta compulsiva obsesión suya hacia la lectura?

2.- ¿Es que Ud no puede contemplar la belleza de nuestro mundo, en su tiempo libre, sin cubrirse los ojos con un manto que lo cubre?

3.- ¿Se puede ser feliz, plenamente feliz, sin la lectura; o más precisamente, sin la obsesiva compulsión hacia la lectura?

4.- ¿Qué es de lo que se quiere escapar, de la muerte segura tal vez,, de la condición humana, esto es, de la soledad sin respuestas, o quizá del absurdo de nuestra existencia?

Preguntas que le formulo sin animo de molestar porque son las mismas que, como lector compulsivo (pero no a tal extremo),yo también me hago

Me interesaría conocer sus respuestas
Cordialmente
LH

C. Brigantinus Barbatus dijo...

Veamos :-)
Antes que nada agradezco que me escribas sobre tus dudas (o mejor dicho "interrogaciones"). Yendo directamente al grano, te diré, sobre la 1, que mi aficción a la lectura no la considero una obsesión. No hay nada de compulsivo en ello, o por lo menos así lo veo. Puedo no leer para recibir un amigo y charlar un rato, o atender a mis seres queridos; también dedico un tiempo a la fotografía, a escuchar música (en particular ópera), etc. etc. Por lo tanto no encuentro en mi aficción, insisto, nada obsesivo; aunque tambien reconozco que estar con un buen libro, que me atrae y me cuenta cosas que me interesan lo considero el mayor placer del mundo.
Sobre la 2. Aquí mi contestación será necesariamente más breve, porque el mundo me parece bello y feo a la vez. Todo depende del humor con que esté. Pero tengo muchas horas "de vuelo" en meditación zen y ello me salvó en su momento de depresiones serias. De toda mi experiencia puedo sacar la conclusión que uno debe hacer lo que le gusta, siempre que se pueda, y afrontar los problemas con el mejor espíritu que en ese momento se disponga.
3, La felicidad es cosa de un instante, tal como lo veo; y a la larga, en mi modesta opinión, depende de nuestro patrimonio genético. Hay gente en la que en su estado normal predomina el buen humor, otras, en cambio, la ansiedad; otras, la necesidad de hacer algo, etc. etc. No hay una felicidad idéntica en las personas. Las "fiestas" son una ceremonia social, y los individuos concretos pueden estar muy lejos de ese estado "festivo" aunque participen de ellas.
Resumiendo: leo todo lo que puedo, porque tambien he aprendido a abandonar un libro sin esperar al final. Así que la situación es parecida a estar delante de una mesa con muchos pasteles y sin restricciones económicas (o médicas) ¿Cómo demonios no ceder al placer? Es una tentación deliciosa ¿por qué evitarla o reducirla? No creo estar siempre contento, pero trato de utilizar mi inteligencia, poca o mucha no importa, para no hacerme daño inutilmente ni someterme a dietas innecesarias.
Nota: hay sí un elemento clave para disfrutar de la lectura, que por suerte poseo: leo sin ningun esfuerzo y me concentro en ello incluso en lugares ruidosos.

Luis dijo...

Gran señor:

Ud ha respondido a preguntas desafiantes, cuasi impertinentes para aquellos que se suponen abroquelados en su, al decir de Shakespeare, "nutshell"

Nos dice Pirandello en su libro “El humorismo”:

“Creo que la vida es una triste bufonada, pues sin poder saber ni indagar ni por qué ni de quién, sentimos siempre la necesidad de engañarnos a nosotros mismos con la espontánea creación de una realidad —una para cada cual y nuca igual para todos—, la que, de trecho en trecho, se nos muestra vana e ilusoria. Quien ha comprendido el juego no logra engañarse; pero quien no logra ya engañarse, deja de sentir gusto y placer por la vida. Lleno está mi arte de compasión por todos cuantos se engañan, más nada impide que de esta compasión derive una burla feroz contra el destino que así condena al hombre al engaño”

Dice Ud en su respuesta:

"…leo sin ningún esfuerzo y me concentro en ello incluso en lugares ruidosos"

Dicen los semiólogos que la realidad es un texto. Y yo, lector asistemático, disfruto mucho leyéndola en cada espacio en que se expresa; más aún en los ruidosos que es dónde más significados le descubro, pues allí es donde confirmo la sospecha de que el hombre actual es un absurdo hiperbólico. Y más aún si es un ignorante (Ignorante como ausencia de sabiduría y no de conocimiento)

Pero también en los espacios silenciosos disfruto la realidad como un texto (alegremente triste, por supuesto): en una sala de espera oftalmológica, por ejemplo, cuando una anciana de 81 años llega con sus brazos extendidos, caminando con dificultad, adivinando los obstáculos por su miopía fulminante, mientras los circunstantes cómodamente sentados continúan con sus lecturas de papel.
Seguiremos en contacto

LH