sábado, 27 de marzo de 2010

Fred Vargas. Un lugar incierto

Existe una delgada línea azul en mi mente, que cruzándola, hacia abajo, señala cuando ya no estoy dispuesto a comprar un libro... pero sí leerlo si lo consigo gratis (algún amigo que me lo presta o la biblioteca de mi barrio).
Aún más abajo se encuentra otra línea virtual, esta vez roja, que establece la frontera entre lo que estoy dispuesto a leer, y lo que no me interesa para nada. Obviamente estas líneas cambian con el tiempo, pero tienen cierta estabilidad; suelen durar algunos años.
Pues bien, el último libro de Fred Vargas, ha cruzado la línea azul en dirección a la roja. Es decir que, por ahora, será el último que me compro de esta autora. De los publicados en español, que son nueve (desde el primero en el año 2002 hasta ahora), he leído ocho, y ya los últimos no tenían, insisto, para mi, la frescura de los primeros y a la postre, aunque sigo reconociendo que son originales en sus argumentos, me cansan un poco.
Esta vez el comisario Adamsberg tiene que lidiar con una doble amenaza que como una pinza pretende eliminarlo: desde las alturas del poder y desde las negruras del pasado dónde surge un inesperado pariente. Todo esto aderezado con una historia de vampiros que no llevan al libro a otro género, pero que lo colocan en el límite borroso entre la novela policíaca y la fantástica.
Debo aclarar que yo no soy adepto a esta clase de género literario. Mi mentalidad, más bien positivista o historicista, o ambas cosas simultáneamente, se alegra con una buena recreación histórica y lógica; dónde lo improbable nunca se convierte en imposible, dándo a mi imaginación un terreno fértil para olvidarme del mundo inmediato sin necesidad de violentar mi más íntima convicción, basada en que lo improbable también es posible, si se tiene paciencia o genio para recrearlo.
Reconozco que esta escritora, con gran éxito en su país, Francia, no escribe una novela "de fantasía", sino a lo sumo juega con algunos mitos históricos entre guiños de complicidad al lector que al final puede tirar para dónde más le guste. No obstante su capacidad para imaginar mundos extraños que habitan entre nosotros (lo que me sedujo en sus primeros libros) tengo la sensación que se está agotando, o que merece un año sabático para recobrar fuerzas y volver a lograr esa mística unión entre lo irreal y lo cotidiano.
En fin, Fred Vargas seguirá vendiendo libros como churros pero yo la seguiré leyendo cuando un alma hospitalaria me acerque uno y me lo deje por unos días; pero no haré el primer movimiento.
Fred Vargas. "Un lugar incierto". Siruela. Madrid, 2010, pp. 347. Tit. Orig: Un lieu incertain, 2008. www.siruela.com