lunes, 19 de mayo de 2008

Petros Markaris





























Petros Markaris es, hoy por hoy, mi autor predilecto en lo que se refiere a literatura, no quiero engañar a nadie, así que no se espere en este comentario otra cosa que palabras laudatorias y elogios más o menos encubiertos. Si alguien se toma el trabajo de mirar el reportaje que puede leerse en la Red (y que puede acceder desde aquí) es posible que entienda el por qué de mi estima. Hay diversos autores que sigo con interés y que entrarían dentro del género policiaco, género que cultivo desde muy joven y que me sigue atrayendo. Nombres como Donna Leon, Henning Mankell, Andrea Camilleri, Fred Vargas, y otros que me ahorro por vagancia los leo no bien los veo. Naturalmente me son familiares los libros de las “Damas del Crimen”, grupo selecto que encabeza mi muy querida P.D. James, y que forman lo que podría llamarse el corazón del género; y también muchos de aquella magnífica colección del Séptimo Círculo que dirigían J.L. Borges y Bioy Casares (Ah! que maravilla de colección; un verdadero lujo que honra al país que la vio nacer y desarrollarse). Así que la historia de mi relación con tal género literario es extensa y espero que interminable; por eso como lector, como simple lector, me lo he pasado muy bien estos días releyendo los tres primeros libros de Petros, que, como hacía ya varios años de la primera vez, no recordaba mucho de su trama. Después, y ya sintonizado con el autor me dediqué a los dos últimos adquiridos: “Un caso del comisario Jaritos” y “El accionista mayoritario”.

Ahora lo único que lamento es el síndrome de abstinencia que me deja. Markaris de origen turco y formación alemana, describe una Atenas similar a todas las ciudades latinas de Europa; esa mezcla de modernidad y viva la pepa que no es fácil encontrar en las regiones más civilizadas de la Unión. No conozco personalmente Atenas, pero personas cercanas que sí la han visitado me confirman que, como turistas, han pasado el mismo calor que narra el comisario Jaritos y las mismas incomodidades de tráfico que son omnipresentes en sus novelas: “Ya son las doce, el calor es insoportable y temo que se me incendie el Mirafiori, que, como todo a la tercera edad, sólo funciona con tiempo suave. Cuando hace frío, se le hiela el motor; cuando hace calor, se pone al rojo vivo; con lluvia, le entra agua y no hay quien lo mueva. Afortunadamente, pasado Nea Makri, el tráfico mejora y dejo atrás el peligro que supone parar constantemente. La playa está abarrotada de bañistas y los niños corretean entre sus madres, sentadas bajo las sombrillas, mondando fruta porque alguien les ha explicado que los chapuzones, para que sean sanos, han de ir acompañados de fruta.” Pág. 145.

El problema de la corrupción, de un pasado dictatorial y del uso incorrecto de las ayudas económicas de la Unión Europea son temas conocidos... y no sólo en Grecia, lamentablemente. Pero no se crea que el autor describe sólo a funcionarios y empresarios, también nos habla de la gente común, de sus prejuicios, de las ideas facilonas que aceptamos para no tomarnos el trabajo de pensar las cosas, de cómo todos estamos implicados aunque no nos guste aceptarlo. Como en el cuento ("Un caso del comisario Jaritos...") que describe porque un griego decide hacerse pasar por serbio: "Descubrió la mendicidad por azar, como quien gasta una broma. El día en que le cerraron la última puerta cogió enfurecido un cartón, escribió "Soy serbio de Bosnia y tengo hambre", se lo colgó del cuello con un cordel y se sentó en el suelo. Quería demostrar a los griegos que un compatriota suyo podía terminar como serbio en su propio país. Pensó que así los avergonzaría a ellos y se castigaría a sí mismo. Se estaba estrujando los sesos para encontrar una solución al problema del trabajo cuando oyó el tintineo entre sus pies. Se agachó y vio la moneda. Miró a su alrededor para asegurarse de que nadie lo miraba y se la guardó en el bolsillo. Pronto cayó más dinero, esta vez un billete de cien. De repente llegó a la conclusión obvia: si mendigas siendo griego, eres un drogata. Si mendigas siendo refugiado de los Balcanes, eres un ser inferior destinado a demostrar la generosidad del griego medio comedor de cordero. Así, por casualidad, descubrió la única profesión que podía ejercer: mendigo serbio de Bosnia." (pág. 131).

Si leeis el reportaje que se le hace Markaris él piensa que la novela policial es la novela social de nuestra época; y yo estoy de acuerdo. El día de mañana los estudiosos no buscarán entre las tesis de los egresados de la sociología académica, ni en los doctos artículos de los comentaristas de prestigiosos diarios, rebuscarán en las novelas de esta clase y allí encontrarán perfectamente descriptos que pasaba en el mundo y que cosas preocupaban a la gente. La novela policíaca ha dejado de ser un subgénero cultivado por un público restringido, sus autores han dado el salto y se han plantado en un hueco desocupado (ya se sabe que la naturaleza es "enemiga del vacío"). Por eso los libros del comisario Jaritos describen lo que sucede tanto en las altas esferas cuanto en los cafetines de barrio. Cuenta cuentos y sus novelas nos hacen pasar un buen rato; pero sin necesidad de inventar mundos paralelos donde magos y brujas pelean una guerra sin fin. El lector que gusta entender mejor el mundo sin duda lo agradece y el especialista también, ya que lo hace pensar desde un nuevo punto de vista: "Acompaño a Sotirópulos hasta la salida y por primera vez entiendo por qué el asesino se me presentó como "el asesino del accionista mayoritario". Su objetivo no es acabar con la publicidad, sino cerrar los canales de televisión. La principal fuente de ingresos de estos medios el a publicidad. Y si ésta se retira, las cadenas, ellas sí, saltaran por los aires." ("El accionista mayoritario", pág. 222).

Los que acostumbrar a leer este blog bien saben que yo no soy afecto a contar los argumentos de las novelas; me parece una putada, y además una muestra de pereza mental. Lo más fácil, luego de leer un libro, es contar con muchas o pocas palabras su argumento. Lo difícil es describir si te gustó o no, pero dejándo lo principal en la sombra para que el otro pueda saborearlo en estado de virginidad espiritual. Por lo tanto no diré de que trata el último ni el primero de los libros de Markaris y, además, recomiendo que no lean la contratapa porque normalmente está escrita para "enganchar" al lector y como digo arriba lo más fácil es contar, exagerando un poco, las principales líneas del argumento. Un libro es bueno o es malo no porque cuente una historia original; puede contar la de siempre: que A ama a B, pero que B no está por la labor, y es delicioso; y puede contar algo muy extraño: que A es un marciano y se encuentra con una ensalada de lechuga que le plantea problemas desconocidos, y resultar una historia aburrida o idiota. Un libro es bueno porque nos llega y nos hace reir, pensar, estar tristes o incluso mirar de otro modo lo habitual; y es malo si está allí y nosotros aquí, y sólo hay un intercambio ritual de palabras huecas. Por lo menos creo que esto es así tratándose de literatura y como el género policial (o "negro") no es otra cosa que literatura, en eso estamos.

Ficha Bibliográfica:

Los tres primeros libros de Petros Markaris: "Noticias de la noche", "Defensa cerrada" y "Suicidio perfecto" están publicados por Ediciones B, y son del 2000, el 2003 y el 2004 respectivamente. www.edcionesb.com No son fáciles de encontrar, aunque he encontrado un lugar en la Red que sí los tiene El primero publicado en español “Noticias de la noche” ha sido reeditado por Tusquets.

Los dos últimos son:

Markaris(2005), Petros Markaris, “Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos”, Byblos, www.edicionesb.com, junio 2006, Barcelona, pp.167, edición de bolsillo. Tit. Orig. Balkan Blues.

Markaris(2006), Petros Markaris, “El accionista mayoritario”, Tusquets Editores, Colección Andanzas, Barcelona, enero 2008, pp. 367. Tit.Orig: (en griego), Diógenes Verlag, AG, Zurich.