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viernes, 19 de septiembre de 2008

P. Petterson. Salir a robar caballos

Lo primero que debo decir sobre este libro es disculparme por no tener más tiempo para hacerle un comentario como se merece. Considero que con unas pocas líneas no se puede despachar esta obra que ha sido varias veces premiada (el último galardón fue el  Premio Literario Internacional IMPAC. Dublín 2007).  Pero si tengo en cuenta que es muy poco lo que se encuentra en la Red sobre él (en nuestro idioma) me siento obligado a dejar por escrito mi opinión sobre “Salir a robar caballos”, sin perjuicio que en otro momento vuelva a hacerlo con la necesaria amplitud.

Es un libro digno de leerse, y de conservarlo en nuestra biblioteca. Seguro que su relectura, al cabo de cierto tiempo, será tan placentera como al principio. Personalmente sentí que se acabara al llegar al final; me hubiera gustado que tuviera la dimensión de esos mamotretos con que nos obsequian las editoriales y que, según cuentan, son best seller en ventas. Pero no es así… como tantas cosas en este mundo.

El autor sitúa la acción en un pueblito noruego, con un personaje principal de 67 años que llega a ese sitio dispuesto a vivir sus últimos años en relativa soledad. La trama es simple y como cabe suponer el presente se interpola con el pasado lejano cuando era un adolescente lleno de energía y vivía con su padre en una medio parecido. El libro es bueno no porque sea original lo que cuenta sino como lo cuenta. La melancolía de los últimos años y la pasión de los primeros es algo resabido, pero la literatura no se construye con argumentos extraños e innovadores, la verdadera literatura cuenta lo conocido y nos hace verlo de otra manera. Nos permite reconocernos y a la vez entreabrir mundos distintos ocultos bajo la capa de lo cotidiano. Esta es la magia de las palabras y Petterson lo logra. Mientras lo leía reparaba en la estructura de sus frases, buscando una pauta que me diera una pista de su arte, y no la encontraba. Combina párrafos cortos, casi periodísticos, con otros muy peculiares, con oraciones coordinadas tan extensas ligadas con  “y” que cualquier “profesor” de un taller de escritura criticaría a sus alumnos por usarlas (argumentos en contra hay de sobra). Y sin embargo yo percibía que mi lectura se aceleraba en ellas, y pensaba que el autor me marcaba el ritmo igual que si estuviera escuchando un trozo de música (y también ahora me doy cuenta que lo estoy imitando inconscientemente).

Leerlo es un gran placer. Estoy seguro que cualquier lector sensible me agradecerá que me haya decidido a escribir sobre este desconocido autor; alertando a los adictos, de habla española, a la literatura nórdica… que poco a poco se van convirtiendo, así lo creo, en legión.

“El viento gélido seguía soplando entre las casas desde el río, y yo sentía la mano hinchada y dolorida en los puntos en que me había clavado las uñas al cerrar el puño con tanta fuerza pero, de todos modos, en esos momentos todo parecía perfecto; el traje estaba bien, y la ciudad era un lugar agradable para caminar por la calle adoquinada, y somos nosotros quienes decidimos cuándo nos duele.” (Pág. 269)

Nota: Agradezco desde estas líneas el trabajo de la traductora, Cristina Gómez Baggethun. Seguro que se encontró con algunos problemas serios para transmitirnos la prosa de Petterson, más el resultado es muy bueno, y es justo que también ella se lleve la parte que le corresponde.

Ficha Bibliográfica:

Petterson(2003), Per Petterson, “Salir a robar caballos”. Bruguera, www.edicionesb.com, Barcelona, mayo 2007, pp. 269, Traducción Cristina Gómez Baggethun. Tit. Orig: Ut og stjaele hester

miércoles, 10 de septiembre de 2008

S. Larsson. Los hombres que no amaban a las mujeres. Millennium 1

Reconozco que un dato previo influyó en la selección de este autor: había muerto repentinamente, de un infarto, al terminar su trilogía (de la cual éste libro es la primera parte) y antes de verla publicada. Otro dato que no puedo menospreciar es que en su país de origen, Suecia, vendió tres millones de ejemplares. Si consideramos que en total son 9 millones, se puede decir que todo sueco en edad de leer o debe haberlo leído o por lo menos lo tiene en su biblioteca. Un tercer dato que también agrega su peso consiste en la información sobre que Larsson luchó contra las actividades neonazis en Suecia tratando de poner en evidencia sus actividades xenófobas, directas o subrepticias ; hasta tal punto se profesionalizó que fue requerido por Scotland Yard y por la policía alemana para instruir a sus especialistas en movimientos de extrema derecha.

Con todos estos elementos previos estaba cantado que debía caer en mis manos. Este libro se publicó en el 2005 y ahora, tres años después, podemos leerlo en español. Hay bastante tiempo entre ambas fechas, pero me consuelo pensando que en el siglo XIV las modas que nacían en Italia llegaban a la península 50 años después; evidentemente hemos adelantado.  De todos modos a esta altura ya ha vendido más de un millón en Alemania, cientos de miles en Francia y Gran Bretaña, etc. etc. Así que no hay que ser un gran adivino para anticipar que por estos lares también se hará popular. La vida de Stieg Larsson fue interesante y dejó una complicada situación a sus herederos por su inesperada muerte, pero lo que nos interesa es este libro en concreto y si vale la pena iniciar esta trilogía tan exitosa. En pocas palabras: sí.

El libro está bien escrito y los personajes son creíbles, aunque extremadamente raros. El hecho de parecernos plausibles, en el contexto del relato, habla bien de su oficio para la narración y de su imaginación para la creación de personajes que no sean de cartón piedra. No resulta un pegote la información que ofrece sobre los entresijos ocultos de la prensa económica de su país (que, me temo, son vicios que aquí también compartimos): “Hay que distinguir entre dos cosas: la economía sueca y el mercado de la bolsa sueca: La economía sueca está constituida por la suma de todos los servicios y mercancías que se producen en el país día tras día. Son los teléfonos de Ericsson, los coches de Volvo, los pollos de Scan y todos los transportes del país, desde Kiruna hasta Skövde. Eso es la economía sueca. Y hoy se encuentra igual de fuerte que hace una semana. –Hizo una pausa retórica y bebió un trago de agua-. La bolsa es algo completamente diferente. Ahí no hay economía que valga, ni producción de mercancías, ni de servicios. Simples fantasías; de una hora a otra se decide si esta empresa o la de más allá vale no sé cuántos miles de millones más o menos. No tiene absolutamente nada que ver con la realidad ni con la economía sueca.” (pág. 648); ni quiebra la verosimilitud del relato los giros bruscos que la investigación del personaje central, un periodista llamado Mikael Blomkvist, sufre como consecuencia de su inmersión en el tema. Quizá el lector ducho en el género policiaco algo pueda adivinar, pero no lo suficiente como para quitarle emoción a la novela que, por otra parte, puede leerse perfectamente sin tener que esperar el segundo libro de esta trilogía.

Yo me lo pasé muy bien leyéndolo, y se me ocurre que lo mismo sucederá con la mayoría de sus futuros lectores. Naturalmente no perderé, si sigo vivo, el segundo; rogando para que los responsables de su publicación  no nos condenen a otros tres años de silencio.

La edición cuidada y con una letra de tamaño perfecto. Eso sí, y tal como recomiendo en otros libros del género, no es conveniente leer la contratapa y enterarse de lo que podemos hacer mucho mejor siguiendo el ritmo del autor. Si de mi dependiera enviaría a los que escriben estas reseñas al dorso de los libros… a Irán, deportados, y con un cartel colgando del cuello: “Amo a Israel”. Es lo menos que se merecen.

Ficha Bibliográfica:

Larsson (2005). Stieg Larsson, “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Destino. www.destino.es Barcelona, junio 2008, 1ra. Reimpresión julio 2008, pág. 667. Traducción del sueco, Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Tit.Orig: Män som hatar kvinnor. Millennium, Norstedts.

viernes, 5 de septiembre de 2008

R. Vercel. Capitán Conan

Después de haber leído “Tempestades de acero” (ver en el blog) este libro bien podría decirse que es un anticlímax. Si aquel describía la guerra, éste muestra la inmediata posguerra; si aquel describía la valentía y disciplina de los perdedores, éste cuenta la perplejidad y depresión de los vencedores. El primero trata de los alemanes, éste de los franceses; Jünger se sitúa en el frente occidental, éste en el oriental, en la zona de Rumania y Bulgaria (lugar que, por otra parte, desconocía que hubiera habido tropas francesas).

El libro comienza con el fin de la guerra y con la situación de unas tropas maltrechas pero aguerridas que tienen que enfrentarse, en tierra extraña, a la nueva situación donde vuelve a ser mejor un soldado que cumpla las ordenanzas que otro capaz de enfrentarse y destrozar al enemigo.

El capitán Conan, personaje verosímil, salvaje y guerrero, dispuesto a la acción y al que la paz le cae como un tiro, representa las contradicciones en que se encuentran los vencedores. Roger Vergel teje con él, y con el teniente André Norbert el narrador en primera persona de este libro, una relación de amistad y desencuentros donde el teniente simboliza probablemente la voz de la razón y la honradez que trata de salvar a su amigo de los peligros de la paz. “Mi secretario no se despegará nunca de estas fórmulas que constituyen para él el fundamento de la justicia. Le he tenido que amenazar para que procure llamarme “mi teniente” en lugar de “señor fiscal”. Es una excelente persona… lo que en realidad quiere decir que es un imbécil inofensivo. Escribe con una estupenda caligrafía toda suerte de patrañas y cuida la ortografía. Reconozco que me saca de mis casillas y que a menudo se lo dejo traslucir… Y es entonces cuando empieza el juego: me cuenta que tiene tres hijos, que es un hombre cumplidor, que quiere seguir llevando a cabo sus tareas, que no puede prescindir ni de mi confianza ni de mi estima, que no aceptaría nunca ser un estorbo para la buena marcha del servicio… Lo que proclama le conmueve profundamente; acaba llorando sobre todos los informes… No tengo más remedio que pedirle excusas y contener las ganas de morderle” (pág. 141).

Esta novela, premio Goncourt 1934 y de la cual también se hizo una película, es el polo opuesto a la mencionada en primer término. Pero ambas encajan como la cara y la cruz de la misma novela. Al final los perdedores siempre son los de abajo, no importa a que bando pertenezcan.

Ficha Bibliográfica:

Vergel(1934), Roger Vergel, “Capitán Conan”, Inédita Editores, Barcelona, febrero 2004, pp. 239. Traducción Aurora Ortiz de Zárate Aguirresarobe. Tit. Orig: Capitaine Conan.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

H. Gee. La escalera de Jacob

El genoma humano es un tema que suena mucho, pero son relativamente pocos los que lo entienden. En realidad, si somos estrictos, aún falta mucho para “entenderlo”, y s en este siglo asistiremos a descubrimientos asombrosos que tendrán por sujeto a la biología molecular. Esta obra, publicada en el 2006, trae todo lo necesario para comprender, a un nivel general y divulgativo, la revolución que nos espera. Henry Gee es un escritor científico, colaborador de Nature, que nos ofrece un panorama histórico de los descubrimientos básicos sobre los genes  y algunas hipótesis sobre el futuro inmediato. Lo considero un libro interesante que seguramente aclarará cuestiones a aquellos que ya están algo iniciados en el tema. Si se trata de empezar desde cero, en cambio, el lector correrá el riesgo de indigestarse, así que le recomiendo que elija otro texto de menor nivel.

El título, de origen bíblico, se refiere a un episodio del Génesis donde Jacob soñaba con una escalera que llegaba al cielo por donde subían y bajaban los ángeles. El autor la utiliza como metáfora de la especie humana, que partiendo del barro primigenio está ahora en posición de escalar los cielos. Situación estimulante pero, como era de esperar, contiene peligros muy serios. “Debemos intentar imaginar lo inimaginable, con la cabeza fría, y debemos hacerlo pronto. Debemos inventar formas de pensar racionales para las situaciones que podrían surgir en un futuro en el que nuestros descendientes, acostumbrados a vivir en un mundo de amplios y aceptados cambios genéticos, podrían tener que tomar decisiones morales que ni siquiera podemos imaginar.” (pág.227).

La posibilidad de diseñar aspectos fundamentales del próximo hijo, o de cambiar órganos ya gastados, o de aumentar el rendimiento de otros, para no hablar de alargar la vida hasta extremos que hoy no podemos pensar, han sido temas  reiterativos en ciencia ficción; ahora cada vez parecen menos fantásticos, y en pocas décadas, todo apunta a ello, algunos privilegiados tendrán acceso a una nueva biotecnología, que creará nuevas relaciones y pondrá en peligro otras típicamente humanas.

Ficha Bibliográfica:

Gee(2004), Henry Gee, “La escalera de Jacob. La historia del genoma humano”, Paidós, Transiciones, Barcelona, 2006. www.paidos.com. pp.238. Tit. Original: Jacob’s ladder. 2004, W.W.Norton & Company, New Cork. Traducción de Yolanda Fontal.